Enrique Echeverría

¿Mal comienzo?

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 44
Triste 4
Indiferente 12
Sorprendido 19
Contento 0
25 de mayo de 2014 20:06

Cuando aparecen ciertos signos, la preocupación surge: ¿cómo van a desarrollarse las relaciones del Ejecutivo con determinadas municipalidades y sus alcaldes?

Primero fue la inasistencia del Alcalde cesante a la ceremonia de posesión del actual, señor Mauricio Rodas. Lo que podía entenderse como simple descortesía, dejaba notar una línea de conducta, como ya aconteció en la inauguración del aeropuerto de Tababela, a la que el Dr. Barrera no invitó al alcalde anterior Gral. Paco Moncayo. Un poco más tarde (seúo), las autoridades del Gobierno no asistieron a la posesión del nuevo Alcalde igual que muchos de la Asamblea Nacional. Y para remate, tampoco los concejales electos por el Movimiento Alianza País quienes, además, constituyen mayoría en el seno del Concejo Municipal.
Posteriormente se registró actitud adversa del Presidente de la República con los alcaldes de Cuenca y de Quito. Con el primero, por considerar que el señor Marcelo Cabrera tenía responsabilidad en las fisuras internas de Alianza País durante la elección de las vicealcaldías, según se dijo. Y no habiendo mayor problema, se fue también contra el nuevo Alcalde de Quito por la letra del Himno de la ciudad, aunque el señor Rodas reiteró que no cambiará la decisión.
Estos asuntos pueden parecer superficiales, pero demuestran ánimo no solo de falta de cooperación, sino de estímulo para que se produzca una brecha clara entre el Ejecutivo y los concejos de las tres principales ciudades del Ecuador, que incluyen nada menos que a la capital de la República; a la capital económica, Guayaquil; y la capital de la cultura, Cuenca.
No se sabe con qué propósito el señor Alcalde anterior ha dejado un problema económico muy serio para que sea resuelto por la nueva administración: el “recálculo” de los impuestos prediales, que afectaría no solo a quienes todavía no los han pagado, sino también a los que ya cancelaron. Si el “recálculo” servirá para pagar más de lo que ya está satisfecho; y, también, de los que aún están pendientes, se abre una incógnita sobre el “cuánto” del aumento; y, más aún, sobre la inestabilidad de lo ya cumplido.
El Jefe de Estado, con toda razón, ha exigido que la actividad de la construcción sea más dinámica; y, por ello, que el Banco del Seguro Social acelere la tramitación de préstamos hipotecarios. Pero este buen propósito colisionará con el Municipio, en donde los trámites son realmente insoportables en duración y dificultades; y en el Registro de la Propiedad donde también el trámite es ya excesivo.
No deben olvidar los recién elegidos para alcaldías y concejos municipales, que el voto popular fue para que trabajen, construyan y faciliten progreso; no para enredarse en peleas que esterilizan su deber con la sociedad de cada cantón. ¡Los dignatarios, adentro; la política, afuera!