Óscar Vela

Mal año, buenos libros

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13 de January de 2013 00:01

Como sucede cada fin de año, el balance general resulta más sangriento y más vergonzoso para la humanidad que los anteriores. Este 2012 no fue la excepción y la estela que deja a su paso el planeta en su milenaria navegación supera con mucho la espeluznante marca de decenas de millones de personas asesinadas de forma violenta, así como otros tantos muertos por hambre o sed en condiciones infrahumanas. Cifras para la vergüenza de todos.

Países como Siria, Libia, Afganistán, México, son algunos de los que más muertes violentas registraron, pero por acción u omisión, todos, desde los más grandes hasta los más pequeños, somos igualmente responsables de lo que sucede en el planeta. Y lo cierto es que casi siempre los aspectos negativos resaltan como los hechos notorios de un año, y así los recordamos, por el número de víctimas o por el impacto del drama que generan, pero hay otros sucesos que son igualmente recordados por su mayor o menor trascendencia entre nosotros: elecciones presidenciales en un hemisferio u otro, los Juegos Olímpicos, la protesta valiente de los indignados, las pretensiones separatistas en España, la crisis del capitalismo en Europa, la agonía totalitaria en América y más sucesos que se nos vendrán a la mente cuando recordemos el 2012.

Por todo esto prefiero recordar al año anterior desde mi punto de vista particular, primero con los que se fueron y nos dejaron un legado verdaderamente importante como las letras del flaco Spinetta o las actuaciones del gran Tony Leblanc, como el circo de Miliky o la anticipación de Ray Bradbury, como las obras completas de Carlos Fuentes, la voz aguardentosa de Chavela Vargas y la pluma refinada de Antonio Tabucchi. Prefiero recordar este 2012 recordando a los que están entre nosotros para regalarnos un segundo de felicidad en medio de tanta agresividad, a los que nos ofrecen sus colores, sus notas, sus cinceles y sus palabras, sus tragedias incluso, para llenar un poco el vacío inmenso que se nos va quedando en el alma.

Prefiero finalmente recordar los buenos libros que pasaron por mis manos y ojalá pasen algún día, muy pronto, por las suyas: El mapa y el territorio’ (Michel Houllebec), ‘Missing’ (Alberto Fuguet), ‘El intocable’ (John Banville), ‘Libertad’ (Jonathan Franzen), ‘El museo de la inocencia’ (Orhan Pamuk), ‘La casa de los encuentros’ (Martin Amis), ‘Auto de fe’ (Elías Canetti), ‘El don de la vida’ (Fernando Vallejo), ‘Melodrama’ (Jorge Franco), ‘El Sunset Limited’ (Cormac McCarthy), ‘7’ (Rafael Lugo), ‘El quinto hijo’ (Doris Lessing), ‘La otra muerte del doctor’ (Javier Vásconez), ‘Jezabel’ (Irene Nemirovsky), ‘La edad de la punzada’ (Xavier Velasco), ‘Volcán de niebla’ (Jaime Marchán), ‘El imperio eres tú’ ( Javier Moro), que lograron hacer que mi mundo interior se ilumine y sea un poco mejor que el de allí fuera.