Miguel Rivadeneira

Poder, mafia y mafiosos

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El combate a la corrupción tiene que ir acompañado de la lucha contra la impunidad, que ha campeado en el país durante la década ganada para protagonistas del gobierno anterior.
Hay jueces que actuaron diligentemente contra los denunciantes de irregularidades en lugar de investigar y procesar a los acusados. Tuvieron la audacia de perseguir a los miembros de la Comisión Nacional Anticorrupción y hoy se investiga a uno de ellos por graves presunciones de haber pactado con el ex contralor (que recibió diez millones USD solo de Odebrecht, según el Fiscal) para declarar maliciosa y temeraria a una de las denuncias, como sucedió. ¿Esos magistrados pueden seguir administrando justicia?

Hoy, con el firme y reiterado anuncio del Presidente de luchar contra este mal y que merece el respaldo ciudadano, se descubren hechos, con pruebas documentales y testimoniales entregadas por la Fiscalía, que debieran dar asco cuando se escucha al excontralor negociar coimas, debió ser un incorruptible juez de las cuentas públicas. Bien decía un vocal del Frente de Transparencia que eso refleja una acción delictiva.

Pensar que en la designación del contralor, a cargo del fracasado Consejo de Participación Ciudadana creado por el correísmo y que debiera ser fiscalizado, él aseguró desde antes su nombramiento. Qué audacia del excontralor cuando se conoce cómo ofrece al exdirectivo de Odebrecht mandar a la cárcel a los miembros de la Comisión Anticorrupción, para lo cual contaba con la ayuda de un juez y si seguía el correísmo a lo mejor lo lograba.

El primer mandatario ha reiterado su llamado porque no puede haber lealtad mal entendida, ni con la mafia ni los mafiosos, que dijo que entre ellos son leales pero están robando a la sociedad. Sobre esto no puede haber reconciliación alguna. El anterior presidente, que habló tanta mentira y encegueció a los ovejunos, defendió y protegió a los acusados de corrupción. Visitó en la cárcel a su ministro que luego fue sentenciado; defendió y homenajeó a su primo, luego condenado; agradeció los servicios prestados a otro ministro, hoy en el exterior prófugo de la justicia y al final del gobierno indultó a otro sentenciado a ocho años de cárcel por corrupción, mientras perseguía a los denunciantes de los hechos, que poco a poco se confirman. Enseñó mal ejemplo, seguido por sus servidores, . Hoy, enfermo de poder, primero debiera responder por tanta corrupción y despilfarro.

Las investigaciones penales tienen que agilizarse para descubrir a otros responsables, parientes de quienes han recibido millones y pese a las pruebas niegan lo indefendible. Debido proceso pero ágiles para descubrir el sainete del yo no fui y soy perseguido. El Presidente dice que el dedo apunta cada vez más hacia él.

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