Pablo Cuvi

Luna de miel… y hiel

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Con cada twitt ofensivo y cargado de resentimiento, Correa le sigue haciendo a Lenin el favor de conservar para sí ese papel de malo de la película que le cae al pelo, al poco pelo que le queda. Ubicado por contraste en el lado bueno, el actual presidente, que es de natural amable y sencillo y hace todo lo posible para distanciarse de los malos modos de su antecesor, sigue cosechando adhesiones y subiendo en las encuestas. Tanto así que se respira en el país una atmósfera de luna de miel.

Pero, ojo, porque más temprano que tarde toda luna de miel choca con la realidad del día a día. Digamos, para ser honrados, que a la semana de casado cualquier cristiano tiene ya suficientes motivos para divorciarse, pero, obnubilado por Eros, solo percibe el lado positivo de las cosas y jura que el examante de la novia (o, si prefieren, de la clase media quiteña) se esfumó en el aire y a ella le dio un súbito y conveniente Alzheimer.

Pasando de la metáfora a la calle, uno se topa con gente risueña que apuesta que el villano de la película ya se hundió en el pasado, hundimiento que sería obvio porque la mayoría de correístas de alto rango ha saltado al agua y nada alegremente hacia la isla de la libertad, que ha sabido quedar a la derecha, panas, a orillas del río Guayas, allí donde vimos desfilar al ministro que acusa a Leopoldo López de guarimbero, muy orondo y aburguesado, mientras el presidente de la Asamblea que protege a JG lucía un terno azul que hacía juego con la corbata de Jaime Nebot.

Decía el Lluro Córdoba que en la política ecuatoriana se puede tostar granizo. Sin ir tan lejos, hoy han logrado teñir de moreno la blanca lana de los ovejunos, aunque, si yo fuera Lenin, con esos conversos no iría ni a misa pues estaría en ascuas, a la espera del momento en que la tortilla se vuelva otra vez, como anhelan los fanáticos, y le pasen las cuentas del festín que se dieron los genios, los que dejaron la mesa llena de sobras, con los platos rotos y los manteles manchados.

Como la culinaria impregna tanto a nuestra política, por ahora la consigna es ‘quien a manteles mata, a manteles muere’ y la ejecuta entre sombras el mismo ‘maitre’ que se comió a 57 diputados para honor y gloria del otro jefe, el examante que, a despecho de las ilusiones creadas por la luna de miel, sigue vivito y twiteando y solo aguarda que se derrumbe la economía que él mismo dinamitó.

Entonces la gente no tendrá cómo parar la olla y dirá ‘antes estábamos mejor’, tal como dicen los marginales argentinos que respaldan a Cristina sin que les importe que ella haya sido la responsable de la debacle económica y haya dejado a Macri la tarea de pagar los platos rotos y tenga ahora el cinismo de echarle la deuda en cara. No es la única pues, como lo saben Marcelo Odebrecht y JG, en todas partes se cuecen habas. Y habas comeremos cuando se acabe la luna de miel.