Fernando Larenas

Luluncoto

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18 de December de 2012 00:01

El barrio siempre fue conocido porque allí se instaló la más importante pasteurizadora de Quito. Hoy se menciona insistentemente el nombre de ese barrio, al cual se le antepuso el numeral 10. ‘Los 10 de Luluncoto’ pasarán a la historia como un grupo de jóvenes con visiones de cambio, reflexivos frente a la realidad social y política del país.

Como muchos jóvenes, admiran al Che Guevara, pero esa idolatría esta vez estuvo en su contra. Da la impresión que para admirar a ese guerrillero hay que tener poder político o ser un pequeño burgués. Estos chicos de izquierda son muy humildes, sus familias pertenecen a la clase proletaria, la que siempre dijo que defendería al Che y por eso abandonó la revolución que había ayudado a construir en Cuba y partió a Bolivia.

‘Los 10 de Luluncoto’ fueron acusados porque supuestamente atentaban a la seguridad del Estado. Durante el allanamiento y operación tipo comando denominada ‘Sol Rojo’ encontraron pañuelos rojos, textos de la Constitución y afiches del legendario guerrillero nacido en Argentina y adoptado como ciudadano de Cuba.

Han sufrido toda clase de leguleyadas. Había una audiencia para tratar su caso, pero el juez dijo que se enfermó. El día coincidía con el de los derechos humanos y hubiese sido contradictorio que en esa misma fecha sean juzgados.

El calvario lo viven desde hace nueve meses, sus familias están desintegradas, perdieron sus trabajos, el Estado burgués los acusa de terrorismo. Un reciente informe elaborado por juristas de prestigio, entre los cuales se destaca Julio César Trujillo, denuncia la situación psicológica que viven estos chicos en la cárcel y el drama en el entorno familiar.

Llegaron a la situación más extrema que puede decidir un ser humano: la huelga de hambre. Dejar de recibir alimentos es la forma de protesta más pacífica, pero la más traumática. Los daños que causa no ingerir alimentos dejan secuelas imposibles de borrar, pero llegaron a esa situación de angustia, la sociedad no se conmueve, la justicia no asoma y en este caso, se esconde, los familiares de los chicos no se cansan de buscar ayuda y no la encuentran.

Lo que más tristeza causa es escuchar a ex combatientes, que ahora fungen de funcionarios, tratando de establecer una comparación entre este caso y el que ellos vivieron. Ambos son dolorosos, pero a fin de cuentas los ‘10 de Luluncoto’ no secuestraron a nadie, no asaltaron bancos ni tampoco han degollado a nadie.

Lo que la justicia hace con estos chicos militantes de la izquierda traslada la memoria a ese nefasto funcionario que decía “a los pavos hay que matarlos en la víspera”. Estos jóvenes, salvo que se produzca el milagro de la Navidad, pasarán la Nochebuena alejados de sus hermanos, de sus padres y, lo que es peor, de sus pequeños hijos.