21 de May de 2010 00:00

Lula

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Enrique Ayala Mora

Hace diez años, muchos pensaban que el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT) del Brasil, estaba condenado a sucesivas derrotas, que nunca llegaría al poder. En realidad, perdió varias elecciones antes de ganar la presidencia. Y cuando lo hizo, una legión de analistas políticos predijo su fracaso, ya que preveían que un intento de gobierno socialista en la realidad brasileña era imposible.

Luiz Inácio Lula da Silva inició su vida como tornero y dirigente sindical. Combinó la actividad gremial con el compromiso político y siempre militó en la izquierda. Fue uno de los fundadores del PT y su gran promotor. Desde sus primeros años fue su figura indiscutible, sobre todo porque propició la unidad interna. El PT, como es sabido, no es un partido propiamente dicho, sino una amplia alianza de varias fuerzas políticas de izquierda y organizaciones sociales que se mueven en un espacio legal común respetando sus diferencias. En ese caso, los esfuerzos unitarios son todavía más necesarios para la supervivencia del proyecto.

En sus dos períodos de gobierno, desde el 1 de enero del 2003, Lula llevó adelante un proyecto de modernización e incorporación social. En muchos sentidos fue continuidad de administraciones anteriores, pero su enorme esfuerzo de redistribución ha marcado una inmensa diferencia. Como cuarenta millones de brasileños han sido incorporados a la vida económica formal del país. Una importante proporción de gente que vivía en pobreza extrema ha mejorado sustancialmente su situación. Un ejemplo concreto: todo niño tiene su dosis diaria de leche y la escolaridad se ha elevado notoriamente.

Todo eso se ha dado en el marco de un modelo capitalista de sociedad y de estado. Pero haber mantenido ciertas políticas monetarias y fiscales no es motivo para calificar al gobierno como “neoliberal”. En realidad, con su radical lucha contra la pobreza, hay una genuina postura socialista en la acción de Lula. Y no debemos olvidar que todo su proyecto político se ha desenvuelto en el marco de la afirmación de la democracia y el Estado de Derecho.

Al fin de sus dos mandatos, Lula es una figura indiscutible del Tercer Mundo y el protagonista del ascenso de Brasil a potencia mundial. Recibe homenajes en varios países. Los gobernantes de las grandes potencias lo reciben en sus reuniones. Acreditadas publicaciones como Le Monde lo designan “hombre del año”.

Lula es un ejemplo vivo de que un camino alternativo al neoliberalismo es posible. Luego de que los regímenes de derecha devastaron América Latina, de que crecieron la pobreza y la inequidad social, con el argumento de que esa era la única vía, el gobierno del PT logró demostrar que los socialistas pueden gobernar con éxito, que son una posibilidad eficiente para el siglo XXI.

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