Lolo Echeverría Echeverría

Los señoritos satisfechos

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Una mayoría de ecuatorianos nos sentimos incómodos, o insatisfechos y hemos decidido que es necesario un cambio.

Las encuestas revelan esta verdad y es bueno que sea así porque no se puede mejorar sin cambiar y nada hay más peligroso, según Octavio Paz, que las masas humanas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio.

La idea de que Ecuador ya cambió, de que hemos llegado a alguna parte, es paralizante porque empieza la etapa de defensa de los logros alcanzados, de la década ganada, del señorito satisfecho que decía Ortega y Gasset. El señorito satisfecho corresponde a la era de las masas y es el hombre vulgar que renuncia a poner en duda lo que es y se niega a ver lo demás y los demás.

La revolución ciudadana llegó al final de su camino cuando captó todos los poderes, anuló la crítica y gastó todo el dinero. Después de eso empezó la etapa de la auto complacencia, la construcción del mito, la época de creerse un referente mundial.

En este delirio narcisista es imposible aceptar el cambio y más bien empieza la obsesión por blindar a la revolución para evitar el cambio. Que nos roben todo, menos la esperanza, es un intento desesperado por darle a la revolución una bocanada más de oxígeno porque la esperanza solo tiene sentido como algo que no es todavía pero puede llegar a ser.

Para la revolución, satisfecha de sí misma, no cabe la esperanza. La esperanza, dijo San Agustín, tiene dos preciosos hijos: sus nombres son enfado y valor; enfado al ver como son las cosas y valor para no permitir que continúen así.

La segunda vuelta electoral es entre los que quieren cambios, los enfadados y valientes que no aceptan como están las cosas y los señoritos satisfechos que quieren el continuismo, que pretenden disfrutar más tiempo la etapa de autocomplacencia. No es entre la izquierda y la derecha como quieren plantear los chimbadores de la primera vuelta.

La revolución pretende blindar el continuismo incluso por encima de una derrota en la segunda vuelta.

Aunque pierda el candidato a la presidencia, ya ganaron la mayoría en la Asamblea Nacional y creen asegurado el continuismo de la Corte Constitucional, el Consejo de la Judicatura, la Fiscalía y la Contraloría, por eso amenazan, desde ahora, con la muerte cruzada.

La revolución ha diseñado un sistema perverso para impedir los cambios aunque los ecuatorianos voten por el cambio. Los señoritos satisfechos quieren seguir gobernando aunque no estén en el gobierno; esta es la muestra más abismal de la pretensión absurda de convertir en leyenda un fracaso político.

La primera muestra de capacidad del nuevo gobierno será la decisión de hacer efectivamente un nuevo gobierno, apelando al poder de la mayoría enfadada y valerosa que no desea un sistema diseñado por los señoritos satisfechos.