Enrique Echeverría

¿Lo mismo de siempre?

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La acogida del Presidente Lenín Moreno a la obra del Metro de Quito, constituye seguridad de que ésta continuará y será realidad, pues contará con el respaldo financiero del Estado para una fracción del costo total.

Tres “tuneladoras” están en plena labor y avanzando a promedio de 10 metros cada día, abriendo la ruta y construyendo la estructura.

En el mundo de la política lugareña, de esta obra preferentemente se habla del contrato y sus posibles “irregularidades”. Sin embargo, la cuestión más importante es el dinero para la construcción. Recordemos que el anterior Presidente ofreció cooperar con USD 750 millones, pero dada la situación fiscal el buen humor quiteño equiparó esa oferta a lo que el máximo representante de la alegría, don Ernesto Albán Mosquera, puso en escena. Su ayudante le interrogaba: Don Evaristo, me ofrecen un timbushca: ¿qué es eso? El gran actor respondía: es el nombre de una comida. Viene de dos palabras griegas: timbus, que quiere decir papas; y bushca, …busca quien te dé. Pasan los años pero la costumbre política de nuestro país no cambia: siempre formulando reparos y sospechas.

Recordemos lo que aconteció durante la construcción del ferrocarril Guayaquil-Quito, con base en la carta que Don Eloy Alfaro envió desde Panamá, el 28 de octubre de 1911 al señor Ángel Borrero, su Secretario privado. Entre otras cosas, le dice: “Todavía recuerdo con indignación que el Congreso de 1898 levantó la bandera de la insurrección contra el contrato ferrocarrilero, calificándolo de pretexto para saquear a la Nación, sin perjuicio de calificarme de traidor a la Patria, porque de esta manera iba a entregar el país a los yanquis, aseguraban y, sobre todo, que con su anulación se salvaba la santa religión de nuestros mayores”. Prosigue: “Recuerdo que dicha Cámara acordó un decreto, anulando el indicado contrato y expresamente quitándome hasta la facultad de intervenir de ninguna manera en su realización. Advertido de ese propósito, pasé un mensaje especial a la Cámara del Senado, protestando enérgicamente de ese proceder arbitrario e inicuo; y aunque solo como una tercera parte de los Senadores apoyaban honradamente al Gobierno, conseguí contener la avalancha desmoralizadora de esos políticos de sacristía y obtuve también que el señor Archer Harman (constructor y financista) consintiera en satisfacer las exigencias de mis enemigos políticos y se acordaron algunas reformas secundarias en el contrato originario” (Fuente: El Comercio, Últimos días de Alfaro).

En la política lugareña, dudas y tachas anticipadas se las hace con fina inteligencia, como calificar de “picnic” la preparación de grupos civiles afines al Gobierno para reprimir a los opositores, igual que en Venezuela.

¿Cambiaremos algún día y actuaremos tranquila y positivamente?