Lolo Echeverría Echeverría

Marcha de los inconformes

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El sector de la producción no cree en las razones que ha invocado el gobierno para imponer aranceles adicionales a miles de productos importados. El gobierno no cree en las motivaciones de los sectores sociales para protestar en las calles. Si no se trata de defender la dolarización, ni son consecuencia de la caída de los precios del petróleo ¿cuál puede ser la causa de las medidas?

Quienes se han opuesto consistentemente al modelo económico sostienen que la revolución ciudadana nunca ha gobernado. Disponer de abundante dinero y gastar todo el dinero disponible no es gobierno, señalan. Gobernar es establecer prioridades; pensar en el largo plazo, planificar y reservar en los períodos de abundancia para los períodos de penuria, como aconsejaba José al faraón hace más de dos mil años.

Si el propósito hubiera sido obtener más recursos para que el gobierno siga gastando dadivosamente, como aseguran los críticos, la fórmula propuesta era inmejorable. El 45% del valor de miles de productos es más de lo que obtienen quienes producen o comercian esos productos; es abundante dinero adicional para el gobierno. Pero el Presidente ha dicho que obtener recursos no era la motivación y que preferiría no recaudar nada porque el propósito es que no se importen los productos señalados.

El gobierno debe estar muy desesperado, dice la oposición, para imponer un ‘paquetazo’ tan fuerte para los ciudadanos y potencialmente destructivo par el propio gobierno. No encarecerá solamente los miles de productos castigados con aranceles, sino que provocará un incremento de todos los precios porque incluye insumos, materias primas y bienes de capital. Y añaden que habrá empresas que no sobrevivan afectando el empleo; que incrementará el contrabando y que bajará el ritmo general de la economía porque son medidas restrictivas.

Ya no están alegres y confiados los funcionarios y partidarios de la revolución ciudadana ni tan entusiastas con el modelo económico. Tres gobiernos anteriores tuvieron precios más bajos del petróleo y nunca dijeron que la dolarización estaba en peligro. Había balanza negativa y el país crecía. Ahora es difícil conseguir financiamiento en el exterior y la inversión extranjera es mínima. A pesar de las dificultades, no se ve posible que el gobierno haga un viraje significativo en sus políticas de gasto público y parece decidido a encarar el período de penuria con el mismo modelo. Ni las dificultades de Argentina, la protesta en Brasil o el desastre de Venezuela le harán pensar en abandonar el socialismo del siglo XXI.

¿Qué haría usted? Ya no es solo la pregunta académica que se hacen los opositores, es también la pregunta candorosa de los partidarios del gobierno. La respuesta es la que han obtenido desde hace tiempo: seguridad, disciplina en el gasto, fomento de la inversión, apertura de mercados.