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17 de September de 2012 00:03

Al cabo de una estación veraniega tan prolongada, sofocante, inclemente que está al terminar, conviene meditar sobre el daño que hemos causado a la naturaleza y que, en parte, determina las alteraciones que estamos padeciendo.

Hasta hace 60 años, el régimen de lluvias era así: los campesinos –por lo menos en provincias de la Sierra- araban la tierra y colocaban en el fondo del surco las semillas de maíz, patatas, fréjol, habas. Lo hacían bajo la seguridad de que, a partir del 15 de septiembre, llegaban las lluvias, se prolongaban durante el resto del mes, continuaban en octubre y la naturaleza hacía un paréntesis en los primeros días de noviembre, que la gente del campo calificaba de “veranillo de las almas”, por coincidir con la celebración de finados. En este lapso se producía, sin variación, el llamado “cordonazo de San Francisco”, el 4 de octubre.

Gracias a esas lluvias, la semilla germinaba y en finados el veranillo impedía que se ahoguen si continuaba acumulándose el agua. Finalizado este corto período, las lluvias se reiniciaban hasta fin de diciembre, época en que la naturaleza regalaba otro veranillo, este más prolongado y hasta mediados de enero. Las plantas ya crecidas recibían el beneficio del sol y estaban listas para soportar las lluvias de febrero, marzo, abril y mayo. En abril la lluvia era tanta, que los campesinos lo identificaron como “abril aguas mil”.

En junio aparecía el sol constante. Las lluvias eran ocasionales. En julio se iniciaba la época de vientos, prolongándose hasta agosto, cuando los chicos fabricaban cometas y las hacían volar. Pero también era la época en que las mieses recolectadas, especialmente cebada y trigo, las acumulaban en “parvas”, para eliminar cualquier vestigio de humedad; y en agosto hacían “la trilla”, en un redondel de tierra, donde se colocaban las espigas y tallos y el casco de 2 ó 3 caballos pisoteando alrededor, separaban los granos.

Al final, el agricultor volvía a su casa con la carga a lomo de animal y lista para venderla y obtener beneficios económicos.

Mas, faltaba poco para que llegue nuevamente el 15 de septiembre. Hasta entonces, otra vez la tierra era arada y las semillas colocadas en los surcos.

Aunque con atraso, es evidente que las lluvias del 2012 están cercanas. Los días lunes, martes y miércoles de la semana anterior, ya se pudieron ver las bandadas de golondrinas viajeras que emigran del hemisferio norte hacia el hemisferio sur, donde comienza el verano.

Vuelan en grupos de alrededor de 100, con una velocidad increíble. Ellas no se equivocan: constituyen el mejor pronóstico de la propia naturaleza.

El Estado, las autoridades, deberán adoptar medidas drásticas para impedir que pirómanos y delincuentes continúen la destrucción de bosques y malezas, que, en este año 2012, ha tenido caracteres de miedo.