Danilo Arbilla

Cuando llega la hora

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29 de January de 2013 00:03

Las cifras del paro en España impacta: en el 2012 alcanzó al 26,2% de la población, que equivale a casi 6 millones de españoles (5 965 400 personas que quieren trabajar y no encuentran empleo). Los porcentajes resultan más dolorosos referidos al desempleo entre los menores de 25 años (casi la mitad), al número de trabajadores que ya no cobra seguro de paro (1,9 millones) o al total de familias con todos sus miembros en el paro (suman 2 millones de personas). Y las cifras no son peores porque también ha crecido el número de españoles, en su mayoría jóvenes que, como en el pasado, salen a ganarse la vida a otras tierras, allende los mares y las montañas. Y esto sin contar a aquellos que hace muy poco emigraron a España encandilados por la esplendorosa madre patria, que no siempre los recibió muy maternalmente, y hoy retornan a su patria; vuelven algo vencidos “a la casita de los viejos“ como dice el tango.

Quizás entre toda esta maraña de números que acosan, el único rescatable, por lo poco común y porque implica un toque de realismo -producto bastante escaso en la España moderna-, es la destrucción de 74 000 empleos públicos. Parecería que también les llegó la crisis.

Simultáneamente con las cifras del paro, que aparece periódicamente, hay otras noticias de España que impactan casi diariamente: las de los casos de corrupción. Por supuesto que como con el tema del paro los partidos y dirigentes políticos se acusan y responsabilizan unos a otros, pero parecen que en esto de aprovecharse de los bienes públicos no se escapa nadie: derecha, izquierda y hasta la realeza.

Quién iba pensar que después de todos aquellos años de tanta bonanza iba a pasar esto. La soberbia es el peor de los pecados, pero por otro lado es mala consejera. Por eso caen. Y al final se destapan los tarros.

La España de hoy es, como se dice, “un buen aviso para los navegantes”. El primero, no equivocarse y confundirse respecto a las causas del “buen momento económico”. Conviene ser previsor, prudente y probo, porque si no después, acosado por los miedos del llano, la única solución es mantener siempre el poder.

Lo otro es convencerse de que la economía no entiende de voluntarismo y de una forma u otra obliga a todos a aceptar que dos más dos son cuatro, les guste o no a los mandamás de turno o a los grandes sabios. Parecería que eso aún no lo han comenzado a aprender los políticos españoles, pero para ser justos también habría que señalarlo como una de las materias “flojas” de la Europa en crisis. Siguen sin escarbar a fondo para saber en medida los apuros y problemas económicos y financieros de hoy que son consecuencia de los tan mentados “subsidios agrícolas”. Un acto contranatural frente al cual, como siempre pasa tarde o temprano, la economía reacciona y entonces aparecen todas estas cosas que hoy surgen por España y por otros países de Europa.

Algunos gobernantes de estos pagos deberían estar atentos a esto, pero están más preocupados en ser reelectos.