Jorge H. Zalles

Llamados a la juventud

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Es bastante frecuente oír a personajes llamar a la juventud a que deje de ser indiferente ante problemas sociales, y se involucre en la política. Y en las aulas me encuentro con cierta regularidad con jóvenes que, al no sufrir de esa indiferencia, están interesados en entrar en la política.

No comparto la generalización de que todo político es corrupto, y busca solo su bienestar. Como toda generalización –los ecuatorianos somos todos impuntuales, todos machistas, todos amables- no es válida. Hay muchos servidores públicos y actores políticos de gran decencia. Y comprendo que quien participa del poder y en la formulación de políticas públicas puede lograr soluciones sistémicas, y no solo parciales y de limitado impacto. Recuerdo que una amiga médico me explicó su decisión de aceptar la Dirección Municipal de Salud de su ciudad precisamente porque le permitía contribuir a la salud de miles, no solo a la de un paciente a la vez.

Pero comprendiendo todo eso, tampoco comparto el fuerte sesgo institucionalista, del que creo que adolecemos la mayoría de países latinoamericanos, y también de otras regiones, que ha llevado a muchos a entender que es solo a través del sector público que podemos mostrar nuestra preocupación ante los problemas sociales. Me declaro contrario a ese sesgo, y llamo a la juventud a también participar de la generosa acción de una sociedad civil vigorosa.

Tuvimos extraordinarias muestras de ese tipo de acción acá en el Ecuador cuando el terremoto de abril de 2016 devastó a Manabí y a Esmeraldas y, a pocos minutos de ocurrida la desgracia, comenzaron a organizarse colectas y caravanas para llevar ayuda a las zonas afectadas. Cada vez que ocurre el cobarde bombardeo de una población civil, en medio del horror de la guerra siria, aparecen de inmediato los Cascos Blancos, organización de voluntarios dedicados exclusivamente al rescate de las víctimas. Acabamos de ver cómo miles de propietarios de botes en Texas y Louisiana salieron a navegar las aguas que habían inundado Houston y zonas aledañas para rescatar a personas atrapadas en sus casas, y a un grupo de unas doce personas, que no se conocían y a quienes ninguna autoridad ordenó u organizó, que espontáneamente formaron una cadena humana para rescatar a un hombre de su vehículo, que una corriente se llevaba y que se hundió pocos metros más adelante.

Existe en nuestra sociedad un importante núcleo de organizaciones y fundaciones que trabajan voluntariamente para aliviar los dolores y las angustias de otros. Como expresión del desmedido afán estatal de abarcarlo todo, esas organizaciones han sido objeto de severos intentos de restricción y de control, cuando deberían más bien ser liberadas y alentadas a seguir haciendo el bien, con la voluntaria participación de nuestros jóvenes.