Milagros Aguirre

La línea roja

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Militantes correístas están mirando feo a militantes leninistas que están sentados en la misma banca. Resentidos y respingados, se miran de reojo y con desconfianza. Esto del diálogo les preocupa. No quieren cruzar una línea roja que lleve a dialogar con la oposición. ¿Si el gobierno no dialoga con la oposición y con todos los descontentos de la patria, con quién quieren sus compañeros que sea el diálogo? De un lado de la línea roja al parecer se dialoga solo entre pares o no se dialoga porque eso es traición. Se acostumbraron a los diálogos de sordos, a los monólogos sabatinos y a la sordera oficial. No solo que han sido negados al diálogo sino también negados a la escucha.

Del otro lado de la línea roja, pero en la misma banca, la invitación es a los contrarios, a aquellos que estaban de espaldas, a quienes no estaban de acuerdo, a quienes tienen algo que decir, a quienes están inconformes o molestos, o a quienes demandan o necesitan algo, a quienes estaban callados o a quienes protestaban: indígenas, sindicatos, maestros, ecologistas, políticos de izquierdas, derechas, populistas.

Nadie sabe qué hay de un lado de la línea y que hay del otro. “Cruzarla sería claudicar”, dicen unos, en tono aséptico. Han sido pulcros. Impolutos. Sin tacha, ¡como si no hubieran cruzado hace rato varias líneas rojas!

Las cruzaron en el 2007, cuando arremetieron contra la población de Dayuma por un paro petrolero y no quisieron dialogar ni escuchar. Las cruzaron cuando rompieron con los indígenas para tranzar con las mineras y petroleras chinas. O cuando pusieron en los puestos al primo, al tío, al pariente, al sobrino, al amigo, a la mujer, a los hijos, sin sonrojarse. Las cruzaron cuando contrataron a dedo a quienes hacían lindas carreteras. Las cruzaron con los señores Capayas y Capacos, tan socialcristianos ellos, a quienes dieron luz verde para manejar jugosos temas petroleros. Las cruzaron cuando sus funcionarios hicieron millonarios acuerdos entre privados. Las cruzaron al aplaudir la designación de un contralor nacido de las entrañas del gutierrismo. Las cruzaron cuando designaron a algunos colaboradores del roldosismo para que integren el gabinete. Las cruzaron cuando levantaron el embargo para pagar a Chevron luego de tanta historia de la mano sucia. Las cruzaron cuando alzaron la mano para explotar el Yasuní. Las cruzaron cada vez que acusaron de corrupta a la prensa mientras que funcionarios escondían millones en sus colchones. Las cruzaron cuando le metieron mano a la justicia o cuando expulsaron a migrantes cubanos atropellando sus derechos.

¿Y ahora se escandalizan de que el nuevo gobierno, con casi las mismas gentes y la misma ideología, cruce alguna línea? ¿A qué principios se refieren cuando dicen que dialogar sería claudicar? ¿qué línea roja temen cruzar?