Gonzalo Ruiz

¡Lindo Quito de mi vida...!

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Pasaron las fiestas y queda la resaca.
La fecha elegida para conmemorar la fundación española de Quito está llena de historia y sustancia.
Muchos quiteños y vecinos de Quito esperaban (esperábamos) que como cambiaron los vientos políticos la idea de revivir la celebración, que el eje central ya clásico de una feria taurina de renombre mundial se iba a tomar en serio desde el Cabildo.

Se esperaba, en esta línea, el liderazgo del nuevo Alcalde, toda vez que otras ideas distintas tenía el anterior Alcalde. Augusto Barrera llevó la contradicción en su propia voz interior. Su padre es un buen aficionado y su hijo, antitaurino. La consecuencia: el primer personero de la ciudad faltó, por primera vez, desde la inauguración de la Plaza de Toros Monumental en 1960, a la temporada taurina de Quito.

Por eso es que el resultado equívoco de la consulta popular estuvo pringado del barniz de una campaña política, allá en los tiempos en que la gran popularidad del presidente Correa todo lo copaba. La pregunta 8 fue un señuelo. Ni los aficionados que hay en el entorno del poder (y son algunos y me lo han dicho en voz baja), ni la idea de respetar el derecho de libertad de quienes piensan distinto, aun cuando fueran minoría, ni las razones expuestas con valentía por tres colectivos de toreros de oro y de plata, por los sindicatos de trabajadores de plaza y los ganaderos, tuvieron eco en el cerrado escenario presidencial de entonces.

Es verdad que muchos que vivieron al rededor de la Feria, ganaron dinero e hicieron que sus negocios particulares crecieran al calor de las corridas de toros tampoco se ‘jugaron la vida’ en la consulta, como se esperaba, no se sabe sin por miedo al qué dirán o temor reverencial a las represalias.

Lo cierto es que Quito perdió sin su feria de repercusión universal. Si el espectáculo decayó en pureza con la muerte del toro escondida tras bastidores, un golpe letal fue el anuncio -pocos días antes de la apertura de una feria con carteles atractivos con figuras de España, Ecuador y Francia- de la decisión empresarial de devolver el dinero a los abonados y cerrar las puertas de la plaza.

Pero desde entonces un nuevo fenómeno ha surgido en el Ecuador taurino. Las corridas de toros en varias provincias se vienen consolidando y los carteles son más y mejor conformados. Tres capitales serranas cuentan hoy con un número de festejos atractivos y el público acude en número importante. Si Latacunga compone los carteles más rematados, Ambato y Riobamba, con plazas de más aforo, dan buenas combinaciones con toreros de España, Francia, México y Ecuador y su número se va in crescendo. De los toros en Ecuador se habla en el exterior y con fuerza. Las heridas arteras por la suspensión de la Feria de Quito exigen una seria reflexión. Las notas del músico británico Sting no pueden apagar una fiesta que se mantiene viva en la plaza Belmonte, en el mismo Centro Colonial, con figuras del toreo y un público excepcional que, como en todas las plazas del país, canta cada tarde: ¡Lindo Quito de mi vida...!