3 de March de 2011 00:00

Los límites de la democracia

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

El pueblo egipcio tiene muchas razones para estar orgulloso. Ha dado al mundo una brillante lección sobre cómo derrocar a un dictador en tres semanas y casi sin violencia.

Su mensaje de libertad, unidad y solidaridad permanecerá por mucho tiempo en la memoria colectiva de Medio Oriente y del mundo.

El camino hacia la democracia es, desde luego, mucho más largo. Pero la sabiduría política que han mostrado hasta ahora los manifestantes egipcios es una buena razón para creer que superarán los duros obstáculos que los esperan.

Sin embargo, es necesario advertir a los demócratas de Egipto, y sobre todo, a quienes los sigan en Medio Oriente, que la democracia no es la solución a todos los problemas.

La democracia no necesariamente resuelve los problemas de la pobreza y la desigualdad económica, ni los conflictos culturales vinculados a la identidad común de los ciudadanos de una nación.

El motivo esencial por el que la democracia carece de respuestas para tales asuntos es que sus principios fueron formulados en sociedades capitalistas industriales, caracterizadas por una considerable homogeneidad cultural y por brechas económicas relativamente pequeñas.

La democracia es un conjunto de principios formales desarrollados en Europa occidental con el fin de facilitar la representación y articulación de las clases media y trabajadora y concebida para contener de forma pacífica los conflictos entre éstas y la clase alta.

Cuando no hay un equilibrio de poder entre las clases, ni una identidad nacional única y consensuada, la instalación automática de los principios democráticos formales podría inclusive empeorar las cosas.

Para impedir que eso ocurra, se necesita entender las condiciones sociales y económicas peculiares de cada país y poner en juego no sólo los principios democráticos, sino otros factores constitucionales, institucionales y políticos.

Si existe un vínculo sistemático entre la identidad cultural y el estatus económico, la democracia se convierte en problema más que en solución, pues exacerba los conflictos culturales hasta el punto de la violencia al crear una oportunidad formal para que la mayoría fuerce la voluntad de la minoría.

El sociólogo político Michael Mann ha demostrado que, en estos casos, la democracia sólo sirve para intensificar las tensiones entre grupos raciales y étnicos, a lo que yo agregaría -en el contexto de Medio Oriente- el conflicto entre grupos confesionales y entre sectores religiosos y laicos.

El ejemplo más reciente fue la democratización de la ex federación de Yugoslavia, que condujo a 10 años de guerras y a la división en 7 estados, acompañadas de genocidio y limpieza étnica.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)