25 de July de 2010 00:00

Limbo y bloqueo

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Julio Echeverría

Después de un año de funcionamiento de la Asamblea Nacional, en esta semana se han vivido cambios en la correlación de fuerzas entre Gobierno y oposición que podrían modificar sustancialmente la forma en que opera esta institución fundamental de la democracia.

Hasta ahora, la hegemonía gobiernista había convertido a la Asamblea en instrumento del Ejecutivo, quien definía los temas y los contenidos de la agenda legislativa, eliminando la posibilidad de un ejercicio deliberativo en la construcción normativa y excluyendo completamente la capacidad de fiscalización de la Asamblea.

Ese fue el esquema legislativo inaugurado en Montecristi, ratificado en la Comisión de Legislación y que ahora entra en crisis. Lo importante de esta nueva situación, y aquí entra en juego el poder de la democracia entendida como método de construcción decisional, es que ya no se pueden aprobar leyes sin que antes se realice una real operación de debate y construcción de consensos.

Una imposición en esta materia por parte de las fuerzas afines al Ejecutivo, provocaría una brusca caída de legitimidad que entorpecería aún más la acción de Gobierno y debilitaría todo el entramado institucional.

El bando gobiernista no admite todavía esta nueva situación. Ha optado en los últimos días por maniobras forzadas para eludir la votación, convocatorias tardías para que las propuestas se aprueben por el ministerio de la ley o derivarlas al ya sobrepoblado limbo legislativo, mientras el fortalecimiento de la oposición es presentado como golpismo y amenaza a la democracia.

Detrás de esta acusación que esgrimen las fuerzas gobiernistas está la velada amenaza de la muerte cruzada, detenida seguramente por el cálculo de que un nuevo llamado a elección de asambleístas terminaría fortaleciendo a la oposición.

Pero más allá de la esquiva mayoría para Gobierno y oposición, el fantasma del bloqueo sigue rondando en la Asamblea. Tanto oposición como Gobierno se disputan los 63 votos que se requieren para aprobar las cada vez más numerosas leyes que han entrado en el limbo de la indefinición (Ley de Aguas, Hidrocarburos, Educación Superior, Comunicación).

Una situación de bloqueo que tiene que ver sobre todo con la resistencia al diseño constitucional y al carácter centralista y de concentración de poder que define a todo el entramado institucional. Es esta característica de fondo la que opera como fuerza invisible entre los pasillos de la Asamblea, la que ha instaurado el limbo político como nueva forma institucional, la que evoca sistemáticamente al bloqueo como escenario. Mientras no se modifique este paradigma constitucional, estos viejos fantasmas seguirán rondando.

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