Grace Jaramillo

La liga extraordinaria

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En medio de la parafernalia del relanzamiento de la Unasur, es la política exterior del Ecuador la que requeriría más bien de un relanzamiento. A la votación en contra de que el dictador Kim-Jong-Un sea procesado por crímenes de lesa humanidad, se suma ahora la prohibición de que un grupo parlamentario alemán visite el Ecuador porque según le explicaron al embajador alemán en Ecuador, Alexander Olbrich, reunirse con los Yasunidos le “transmitiría una visión errada del Ecuador”. Al parecer, una misión anterior, que llegó al país en octubre, ya cometió el pecado de reunirse con los Yasunidos y la Cancillería no piensa repetir el error. Por supuesto, el Estado alemán en su conjunto lo entendió como una bofetada y no es para menos.

Aquí caben muchas explicaciones y reflexiones. La primera y seguramente la versión oficial será que este es un caso más (como el apoyo a Corea del Norte) de ejercicio pleno y absoluto de soberanía. Pero a menos que la definición de soberanía sea dispararle al supuesto contrincante antes de saltar por un acantilado sin paracaídas, esta explicación no tiene lógica. Ni la supervivencia del Ecuador ni sus intereses cercanos o lejanos han sido atendidos con estas acciones.

Segundo, si el tema de principios y derechos humanos no mueve a la revolución ciudadana, yo creí que sí le movían fundamentos básicos de economía política. Pero parece que tampoco. Es impresionante que hayan puesto tanto dinero, tiempo, estudios, convenios, cooperaciones y hasta visitas presidenciales y vicepresidenciales a Corea del Sur y a Alemania y otros países europeos para lograr la transformación productiva y una economía del conocimiento, y crean que esta diplomacia agresiva no van a tener ningún impacto sobre todo ese esfuerzo. Los surcoreanos deben estar indignados como mínimo y los alemanes, según las notas de prensa de hace apenas dos días, han anunciado que podría complicar la aprobación del TLC con Europa e incluso algunos temas de cooperación tras la bofetada. Es innecesario dispararse en los pies de esta manera.

Eso nos deja con una tercera explicación: De un escepticismo antihegemónico en plena construcción -a principios del 2007- ahora se ha pasado a un ambicioso plan que podría resumirse en “autoritarios del mundo uníos”. Las prioridades parecen que están allí. Y es que todo conecta: la votación de Corea del Norte, la alianza con la Bielorrusia de Lukashenko, la apertura de embajadas en países africanos con críticas credenciales democráticas o económicas, los coqueteos con Irán durante la era Ahmadinejad, con la Turquía de Tayyip Erdogan, y ahora la bofetada diplomática a Alemania y la detención de Yasunidos. Todo esto sin aún mencionar cómo hemos hecho historia en América Latina, apoyando la represión en Cuba y Venezuela y, el liderando el desmontaje del sistema interamericano de protección de derechos humanos. ¿Necesitamos más pruebas?

gjaramillo@elcomercio.org