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El 10 de junio de 1942, por instrucciones de Adolfo Hitler, el pueblo checo de Lídice fue arrasado completamente.

Las fuerzas de las SS fusilaron a 190 varones de los 192 que constaban empadronados. Los dos restantes, un molinero y un operario, se suicidaron antes de caer en manos de los nazis.
Esa misma noche el ejército alemán saqueó el pueblo entero y lo redujo a un montón de cenizas.

Las 196 mujeres y los 83 niños que residían en Lídice fueron apresados y conducidos a distintos campos de concentración. Allí murieron o desaparecieron en su gran mayoría. Previamente, los niños de rasgos arios fueron separados y entregados en adopción a miembros de las SS.

La iracunda reacción de Hitler contra Lídice tuvo su origen en un atentado que se produjo el 27 de mayo de 1942 en contra de Reinhard Heydrich, uno de los lugartenientes más importantes y crueles de las SS alemanas. Esa mañana, tres miembros del grupo Checoeslovaquia Libre en el Exilio, Josef Gabcik, Josef Valcik y Jan Kubis, se apostaron con fusiles y granadas en una curva por la que solía pasar de forma rutinaria el Mercedes Benz de Heyrich, en las afueras de Praga. Cuando el automóvil apareció, Gabcik se puso delante e intentó disparar su fusil pero el arma se atascó.

Entonces Kubis lanzó una granada que explotó junto al vehículo. En la confusión, los tres soldados vieron como Heydrich y su chofer salían ilesos y disparaban contra ellos en su frenética huida.

Esa noche los soldados checos se ocultaron en una iglesia pensando que la operación había fracasado.
Sin embargo, las heridas que habían producido las esquirlas de la granada en el cuerpo de Heydrich le provocaron la muerte días después. Según el parte médico, el deceso se produjo porque en la explosión la tapicería del asiento del Mercedes Benz, que estaba forrada de lana animal, infectó las heridas de Heyrich comprometiendo el pulmón y el bazo.

La persecución de Hitler contra los responsables del atentado fue brutal. Los soldados fueron encontrados a las pocas horas y acorralados en la iglesia. Tras un fuerte tiroteo, viéndose cercados por los nazis, los tres se suicidaron.

Pero la venganza no terminó allí, pues el Führer dispuso que todos los cómplices o sospechosos del atentado debían ser eliminados. Allí fue cuando una coincidencia llevó al ejército alemán hasta Lídice y se cometió uno de los crímenes más horrendos de la historia.

Pero a pesar de la tragedia, Lídice se levantó luego de la guerra con gente que vivía en las cercanías. Hoy es un poblado pequeño que representa por una parte el horror de la guerra, y, por otra, la voluntad del ser humano de levantarse tras la desgracia.

Entre varias manifestaciones culturales que existen acerca de Lídice y su historia están por ejemplo la magnífica pintura de Oswaldo Guayasamín que se exhibe en la Capilla del Hombre, y también la novela ‘HHhH’ del escritor Laurent Binet, que narra la historia desde el punto de vista de los soldados checos que asesinaron a Heyrich.