Marco Arauz

¿Líderes mundiales?

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9 de December de 2012 00:03

El bono de desarrollo humano de pronto se volvió productivo. La industria ecuatoriana ya es competitiva y de altísima calidad. La nueva justicia es una realidad. Hay 14 millones de ecuatorianos bien informados. Tenemos la mejor red vial de Sudamérica, y con gasolina subsidiada.

De estas y de otras maravillas -como el papel benéfico de la Senplades y los ministerios coordinadores, los concursos de méritos para cargos públicos o la revolución en el servicio postal- puede uno enterarse si sintoniza cualquier estación de radio, ahora que se acaba el campeonato de fútbol y nos perderemos las imágenes del nuevo Ecuador por unas semanas.

Esta propaganda tiene la sapiencia de no aludir directamente a la acción gubernamental y cuenta con la bendición del Consejo Nacional Electoral. Por si fuera poco, incluso hay una propaganda de la Contraloría que pide denunciar el uso de recursos estatales en propaganda electoral...

Si bien la realidad es testaruda y no se parece a los boletines y a la propaganda, como sucede en los dos temas que más preocupan, la seguridad y el empleo, se puede decir que el Gobierno mantiene las cosas bajo control frente a las elecciones del 17 de febrero. Ese escenario tan halagüeño debiera ser motivo de rostros más distendidos y de tuiteos menos ríspidos que los de estos días.

¿A qué puede atribuirse esa acritud? Explicarla con los contratiempos en la exploración petrolera y minera es una especulación. Otra, aunque con más fundamento a juzgar por hechos recientes, es explicarla por los reveses que ha sufrido el plan de proyectar una imagen presidencial de liderazgo mundial.

No solo es la descortés declaración del asilado Julián Assange sobre la insignificancia del Ecuador, endosable a quienes lo dirigen. Están las declaraciones del Presidente en Buenos Aires, sobre un caso muy doloroso para los argentinos como el atentado a la AMIA, que causaron rechazo general. Otro tanto puede decirse sobre la novedosísima tesis de que la libertad de expresión debe manejarse desde el Estado.

Si bien se puede vender internamente la idea de aquel liderazgo con cadenas y propaganda, afuera el asunto es harto distinto. En realidad lo ha sido desde el momento en el cual el entusiasmo inicial por conocer lo que pasaba en el país fue sustituido por informaciones como la judicialización de la libertad de expresión y del derecho a la protesta social.

Un liderazgo que trascienda lo nacional o lo subregional debe basarse en la ecuanimidad y el respeto a los derechos; no admite exabruptos ni puede justificarse en la supuesta descontextualización de lo que se dice, tan socorrida puertas adentro. Si bien está en declive la figura de Chávez -quien junto a Morales y Correa ya recibió el premio Rodoldo Walsh- y se eclipsó la de Castro -quien aún no lo recibe-, el liderazgo mundial es una postulación más difícil que la interna.