21 de August de 2010 00:00

Libros

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Jacobo Zabludovsky

La librería de Estanislao Rodríguez Posse (libros, folletos y carteles de asunto taurino) en San Bernardo 27, ya no existe. Hace muchos años fui en busca de una primera edición de la ‘Tauromaquia o arte de torear a caballo o a pie’: obra escrita por el célebre profesor Josef Delgado Hillo. Corregida y aumentada con una noticia histórica sobre el origen de las fiestas de toros en España. Adornada con treinta láminas que representan las principales suertes. Por un aficionado”. No la tenían, pero me ofrecieron un ejemplar en perfecto estado de la segunda edición, de la cual copié en el párrafo anterior la portada que pone: “Madrid: MDCCCIV. En la imprenta de Vega y compañía, calle de Capellanes”.

Compré el ejemplar por no dejar, resignado otra vez al fracaso de no conseguir lo que quería. Cuando hojeé el libro no podía salir de mi asombro: las 30 láminas estaban policromadas a pesar de sus 200 años, como salidas de una editorial moderna. Las tintas habían sido aplicadas a mano.

Han desaparecido las más de las viejas librerías madrileñas. Queda alguna en los recovecos de San Ginés, adonde se llega más por el hambre de churros que de lecturas. Ahí encontré alguna vez, como náufragos extraviados, ejemplares de la colección verde de la Universidad Nacional de México, la legendaria edición de 1923 impulsada por la mística revolucionaria de José Vasconcelos que convirtió su Secretaría de Educación en el brazo cultural de un México nuevo.

Le hicieron, entonces, dos críticas a Vasconcelos. A la primera, la de dar libros de filosofía y literatura clásica universal a un pueblo de analfabetas, respondió con preparar la literatura lo mismo para quienes aprendían a leer que para estudiantes de alto nivel. La segunda fue cuando colocó libros en lugares públicos, como la fuente del Quijote en Chapultepec. Se los van a robar, le dijeron. Qué bueno, porque quien roba un libro es para leerlo porque en muy poco lo puede vender.

Quién no recuerda la colección Austral que alcanzó, creo, unos 2 000 títulos encuadernados con diversos colores: azul, novelas; verde, ensayos; naranja, biografías; negra viajes; amarilla, política; violeta, teatro y poesía; gris, clásicos; roja, policíacas y café, ciencia y técnica. Conocida es la decisión de una famosa artista de comprar todas las de la serie azul porque hacían juego con su alfombra.

Termino por donde debí haber empezado. Por fin un secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, inicia un intento de impulso a la lectura. Una colección de 18 cuentos y novelas cortas de autores mexicanos, repartidos en seis volúmenes de tres obras cada uno, a precios razonables.

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