Nelsa Curbelo

Libertad

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30 de July de 2011 00:00

Me duele el país, me asombra, me indigna, me cuestiona.

Nací en Uruguay, pero mi vida, mis afectos, mis proyectos que elegí en la vida tuvieron y tienen a este suelo y a sus gentes como fermento que me permite maravillarme con el misterio de la vida y ser plenamente lo que soy. Aquí normalmente seré enterrada, y para confirmar esas elecciones tengo ciudadanía ecuatoriana. Soy un árbol trasplantado que echó sus primeras raíces en el paisito con forma de corazón, altivo y solidario. De familia obrera por ambos padres, nos alimentamos con discusiones políticas y la elección inquebrantable de la libertad como guía y tesoro. Tanto que mi segundo nombre es Libertad y que la frase que más conocíamos de Artigas, el héroe patrio, era “Con Libertad no ofendo ni temo”. Por eso la sentencia a El Universo me conmovió como si me hubiera informado de una gran catástrofe.

¿Puede el ciudadano presidente entablar un juicio solo como ciudadano, utilizando todas las artimañas del poder? ¿Está dispuesto como ciudadano a todas las tardanzas que los ciudadanos de a pie tienen en los juicios?

¿No debería como ciudadano asombrarse de la celeridad con que un juez suplente dicta sentencia en pocas horas, lee miles de páginas y escribe 156 en una noche? Y como jefe de Estado, no solo como ciudadano, no debería sugerir, que se abra una investigación a dicho juez e indagar de dónde salió la tal sentencia y quién la redactó? ¿Lo hubiera encontrado normal si la sentencia le era contraria?

El ciudadano presidente se sintió ofendido y para defender su dignidad pide dinero. No es mejor actuar de acuerdo a la dignidad que se ostenta y demostrar con hechos lo errado de las afirmaciones, en vez de pedir millones. La honra vale más y menos que el dinero. Es una lástima que se le ponga precio.

¿Por qué no permiten la presentación de pruebas ? ¿Por qué no se desclasifican todos, todos, los documentos sobre el 30 de septiembre, y se permite a la ciudadanía formar su propio criterio? ¿Por qué no se escuchan todas las voces de los actores directos, policías y militares, la de las víctimas y familiares, de los pacientes del hospital y los vecinos.

Ese día aciago, había prohibición expresa de dar noticias diferentes a las oficiales que transmitían en cadena. Dos canales desobedecieron y se “desencadenaron”, pasaron en vivo las escenas de una verdadera guerra con la imagen de los asesinatos, en tiempo real. No pudieron demandar a esos canales, porque la magnitud de los acontecimientos mostró la verdad y la necesidad de tener una prensa libre y el país entero lo agradeció por lo arriesgado de los periodistas. No eran opiniones eran hechos por eso es aún más grave, porque no estaba sujeto a interpretaciones y porque no sabemos quiénes mataron y a quiénes obedecían.