Fernando Larenas

¿Hay libertad en Twitter?

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El siguiente mensaje, enviado el jueves 21 de julio, pudiera ser el último: “Mi pesar por todos los que creyeron que Twitter era el último bastión que quedaba en asuntos de libertad de expresión”.

Fue enviado durante lo que pudo haber sido la semana más devastadora para miles de personas que migraron a esa red para desahogar sus ideas de libertad o expresar sus pensamientos.Es que así surgió la red representada por un pájaro azul, como la panacea para los que no tienen voz en los medios tradicionales, para los irreverentes, para quienes comparten sus soledades, sus inquietudes o simplemente buscan reencontrarse con alguna vieja amistad o con un familiar perdido.

Excelente la idea, solo que eso funciona en países con una enorme capacidad de autocrítica, tolerancia y respeto a las ideas, por abismales que fueren. Países donde nadie se considera dueño de los pensamientos de los otros o donde las instituciones funcionan independientes unas de otras y la justicia es igual para todos.

La semana que recién pasó fue una de las más nefastas desde que existe esta red. Periodistas, defensores de los derechos humanos y de género, políticos, abogados, mujeres. Un simple mensaje de “usted no puede acceder a esta cuenta” y listo, sin explicación se entiende que la cuenta está suspendida. Sin duda es lo más torpe que se le pudo ocurrir al censor de estas redes cuyo nombre nadie conoce.

La mayoría de cuentas sancionadas ocurrieron por causas similares, por críticas o comentarios en contra del ex vicepresidente Lenin Moreno. Me parece la más grande de las torpezas porque conocí al personaje cuando ejerció esa función y él sí era tolerante, no sé si haya cambiado, pero era respetuoso de las ideas de los otros.

Estoy seguro que a Lenin Moreno no le consultaron si sería capaz de autorizar esos cierres porque, lo más probable, es que dijera que no. Pero hay comedidos que siempre se anticipan a la jugada y proceden de acuerdo con lo que sus escasas neuronas permiten.

En lo personal me importa muy poco que cierren mi cuenta que abrí en septiembre del 2010 para intercambiar criterios, para hablar de fútbol, de música clásica, de literatura y claro, por qué no, para dar mis opiniones sobre política y economía sin intermediarios.

Si quieren cerrar esta cuenta (aquí está la dirección @flarenasec) lo pueden hacer. Si ese es el precio que debo pagar para que los clausurados vuelvan, no me haré ningún problema. Sé que hay vida por fuera de Twitter y también que ninguna guerra se ha ganado en esa red. Solo me permito una cordial sugerencia: cierren también las cuentas a esos odiosos políticos que incluso han amenazado de muerte a algunos tuiteros y no les ha ocurrido nada. Sancionen a los ‘troll’ misóginos que atacan con odio a las mujeres que claman por libertad.