Lolo Echeverría Echeverría

La verdadera libertad

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 54
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 6

Algunos empresarios de Alianza País están furiosos. El Gobierno pinta a los empresarios como figuras siniestras que evaden impuestos, esclavizan a los trabajadores, incumplen las leyes, todo en nombre de la libertad. Algunas mujeres de Alianza País tampoco están contentas porque se pinta a la libertad como una dama joven acosada por personajes lascivos. Tiene rezagos machistas, dicen. Esta visión de los empresarios y de la libertad está expresada en una pieza publicitaria que se difunde en los canales de televisión por orden de la Secretaría Nacional de Comunicación.

Esta historia empezó hace algunas semanas cuando el ministro de Talento Humano, el número dos del Gobierno en eficiencia, proclamó en un foro de izquierda que era “imperativo expropiar a la derecha ese monopolio del uso de la palabra libertad”. La declaración provocó, acusaciones, aclaraciones y malentendidos. Cuando se olvidaba el tema, la Secretaría de Comunicación ordena difundir la cadena que es ahora tema de debate.

Es una pieza de publicidad política realizada con manos redondas porque utiliza personajes ficticios para caricaturizar a los adversarios del Gobierno. Afecta incluso a sus amigos porque utiliza generalizaciones y estereotipos grotescos de los banqueros, los empresarios y los propietarios de los medios de comunicación. Tiene el viejo estilo fascista, reforzado con la utilización del blanco y negro. Incumple las normas establecidas en la Ley de Comunicación que prescribe que la información debe ser veraz, verificada, contextualizada, oportuna, plural; calificativos que no calzan con las generalizaciones, insinuaciones, estereotipos utilizados en la pieza publicitaria. Podría incluso estar reñida con el artículo 177 del Código Penal que prohíbe la “violencia sicológica de odio, contra una o más personas en razón de su nacionalidad, etnia, edad, sexo… condición socioeconómica…”.

Dos canales de televisión difunden la campaña bajo protesta porque consideran un abuso de la facultad que permite obligar a transmitir en cadena mensajes de interés general o informes de los titulares de las funciones respecto de las materias de su competencia. Los medios advierten también el carácter negativo de la publicidad porque ofende, estigmatiza y promueve la confrontación entre ciudadanos y sectores sociales.

Al margen de la polémica, resulta inevitable cuestionarse acerca del objetivo del Gobierno. La idea de caricaturizar grotescamente al sector productivo al mismo tiempo que promueve la concertación para lograr el cambio de la matriz productiva, es un contrasentido. ¿Se ha desviado la maquinaria propagandística? ¿Hay dos bandos dentro del Gobierno que van en direcciones contrarias? Lo mejor sería que cancelaran la campaña y se olvidaran del imperativo de “expropiar a la derecha ese monopolio del uso de la palabra libertad”.