Benjamín Fernández

La libertad de expresión en 2011

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14 de December de 2011 00:01

Este año que se va será recordado como uno de los más obscuros en la lucha por la vigencia de la libertad de expresión y de prensa. Como si fuera un retorno a los años oscuros de las dictaduras recurrentes, hoy vemos en varios países de América Latina cómo gobiernos electos democráticamente usan su poder para amordazar, hostigar, condenar y perseguir a los que piensan distinto. Ninguno de estos gobernantes dijo a sus prosélitos en tiempos de campaña que harían eso cuando alcanzaran el poder. Se cuidaron de no levantar sospechas en torno a sus supuestas credenciales democráticas para luego de conseguir los votos utilizaran los poderes Judicial y Legislativo para perpetrar sus actos contras ambas libertades.

Hoy, podemos decir que en varios países de América Latina estamos todos en libertad condicional y sospechosos de ser parte de una conspiración contra los gobiernos que no toleran la crítica y menos aún perdonan las posiciones en contra. Estos gobernantes no saben lo que significa la democracia, la usan y la pervierten para sus objetivos y llevados por el odio y el resentimiento acometen contra todo aquel que se le pusiera en frente. Son incapaces de reconocer que ambas libertades, las de expresión y de prensa, constituyen las únicas garantías para que los conflictos se resuelvan de manera pacífica y que cuando se proscriben ambas solo la violencia es el único camino que queda. Lo que puede parecer un capricho inocente o declarado está incubando en el ánimo de muchos a pensar que la democracia como sistema político es incapaz de resolver los problemas de una manera pacífica tolerante, abierta y pluralista. Por el camino escogido de varios gobernantes latinoamericanos de lo único que estamos seguros es que no habremos avanzado nada en la construcción de sociedades incluyentes que entiendan que el disenso y la crítica son fundamentales a la hora de construir naciones pacíficas y respetuosas.

El 2011 nos ha mostrado que el camino del desarrollo no se compadece en nuestra tradición democrática con la intolerancia y la fuerza. No se hace parte de la población cuando se amordaza y se persigue. No hacemos patria en el sentido del patrimonio colectivo que constituye una nación cuando el verbo no se hace carne y por el contrario se lo somete y humilla para escarnio de quienes creen que la democracia y la libertad son conquistas occidentales y condiciones naturales del ser humano. El miedo al poder no debe ser la consecuencia de esta terrible campaña contra los medios de comunicación en varias partes de América Latina. Ni la propaganda más reiterada ni el grito más destemplado ni la sanción más injusta pueden acabar con las libertades de expresión y de prensa usando subterfugios jurídicos que ridiculizan el verdadero sentido de la democracia.