8 de July de 2010 00:00

Libertad de expresión

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Miguel Macias Carmigniani

Valentín es un eficiente guía turístico ruso, que domina el español, quien puede dar fe de lo horroroso que es vivir en un régimen comunista, donde no hay libertad de expresión y en el que hasta hace pocos años no existía la propiedad privada. Su familia compartía con otras un pequeño departamento de tres habitaciones, en el que tenían turnos para cocinar en una minicocina, para comer en sus respectivos cuartos, y para asearse el único baño que compartían más de 12 personas.

Él cree que en su país hay mucha corrupción, que la Policía comete abusos a diario, y que dentro de ella, hay verdaderas mafias. Está convencido que la gran mayoría de los líderes mundiales conocen de la constante violación a los derechos humanos que existe en su país, donde, según él, su Presidente es un títere de Vladimir Putin, quien sigue siendo el hombre fuerte del Régimen, quien volverá a ser presidente de Rusia, cuando culmine el mandato de Dmitri Medvédev, pero que nadie quiere pelearse con una potencia bélica como lo es Rusia.

El proyecto de Ley de Comunicación que se debate actualmente en la Asamblea Nacional de nuestro país, me ha hecho meditar sobre lo expuesto por Valentín respecto a la falta de libertad de expresión. Yo no deseo vivir en un régimen comunista ni en uno socialista, ni deseo que nadie viva con un esparadrapo en la boca que le impida manifestarse como a bien tenga, con las consecuencias que eso implica, pues todos debemos responder por nuestros actos.

Coincido con aquellos que manifiestan que hay muchos ecuatorianos que piensan que dicho proyecto de Ley de Comunicación está dirigido solo contra los dueños de los medios de comunicación colectiva, quienes no se dan cuenta que este soterradamente coarta la libertad de expresión, al limitar la difusión de información a que esta sea veraz, verificada, oportuna, contextualizada y plural, cuando la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) la cual es vinculante respecto de nuestra legislación, establece el derecho a opinar y a expresarnos libremente, sin esas limitaciones.

Temo que los medios de comunicación colectiva que no se alineen con el Gobierno puedan ser censurados por el Consejo de Comunicación e Información, cuyos miembros serán controlados por el Ejecutivo, organismo donde lamentablemente intervendrá la política.

Con razón, este Diario a través de su Directora General, ha solicitado al Secretario Nacional de Comunicación que suspenda la inaceptable e injuriosa propaganda estatal emprendida en contra de los medios de comunicación colectiva de nuestro país, lo cual como bien anota doña Guadalupe Mantilla, “nunca antes se ha registrado en el Ecuador en un régimen democrático”.

La libertad de expresión no puede servir para deshonrar ni para agredir a nadie.

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