13 de August de 2010 00:00

Líbano: racismo legitimado

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Mona Alami

Líbano tiene cierta reputación de apertura debido a la relativa libertad que gozan sus mujeres en comparación con otros países de Medio Oriente. Pero muchas extranjeras sufren una gran discriminación.

Es común ver en Beirut a mujeres conduciendo vehículos caros acompañadas de una asiática o una africana en el asiento trasero. Son sus empleadas domésticas, la mayoría procedentes de lugares como Etiopía, Filipinas, Nepal y Sri Lanka.

Estas no sólo son maltratadas por sus empleadores, quienes les retienen sus pasaportes y las obligan a trabajar los siete días de la semana, sino que también sufren discriminación en lugares públicos.

En los balnearios se puede ver a niñeras extranjeras completamente vestidas a pesar del calor, mientras los pequeños a su cargo juegan felizmente en las piscinas.

"Reservé una habitación para la niñera de mi hija el año pasado en uno de los balnearios del norte de Líbano. Me indigné cuando me enteré de que no se le permitía nadar con nosotros", contó Nayla Saab, quien da trabajo a una filipina.

Prácticas racistas también se ven en clubes y restaurantes. A comienzos de este mes, a Hussam Oueini le impidieron ingresar a un club debido al color de piel de un amigo afroestadounidense al que paseaba por Líbano.

Un estudio de la organización no gubernamental IndyAct concluyó que en los 20 balnearios investigados se les impedía a trabajadoras domésticas asiáticas y africanas utilizar las instalaciones. Ninguno de estos incidentes constituyó un delito porque Líbano no tiene legislación contra el racismo. La discriminación es socialmente aceptada en este país, y está presente incluso en el Gobierno. Indy Fact tuvo problemas con las autoridades cuando pretendió celebrar una conferencia con profesionales asiáticos. "Se nos pidió que los participantes, médicos de Filipinas, Nepal e India, firmaran un acuerdo comprometiéndose a no trabajar ilegalmente ni a casarse en Líbano. Fue un insulto", dijo.

En Líbano no sólo hay racismo hacia extranjeros, sino también discriminación de clase y cultura. Por ejemplo, a una mujer joven que vestía ‘hijab’, tradicional velo islámico, se le impidió ingresar a un concierto de música electrónica.

"Nos dijeron en la estación de radio que organizó el concierto que no se vendían entradas para personas con cierto perfil", señaló Fakhri.

Días atrás, una patrulla de la Seguridad General libanesa hizo una redada en un salón de baile en el sureño suburbio capitalino de Ouzai, donde alrededor de 150 refugiados de diferentes nacionalidades africanas realizaban una reunión para recaudar fondos contra el cáncer.

Los policías habrían maltratado a un grupo de sudaneses, varios de los cuales carecían de papeles de residencia.

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