Opinión
Andrés Carrión

Ley de carreteras

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25 de November de 2012 00:01

Ecuador y El Salvador son los países del continente con mayor densidad poblacional. Tenemos un país superpoblado. 55,8 habitantes por cada kilómetro cuadrado. Pichincha con 269,5 por km² y Guayas 227,5 por cada km².

Los dirigentes nacionales no se detienen en analizar este que es el problema mayor del Ecuador. Ningún otro tiene la magnitud de esta realidad, las encuestas hablan de la pobreza, inseguridad, corrupción, desempleo. No hay un político que hable de la explosión demográfica. ¿Dónde esta el gobernante que haga pensar al Ecuador sobre esta cuestión? Los debates van alrededor de asuntos menores. Más atractivo es la confrontación y bullying presidencial.

La cantidad de vehículos es una demostración de este amontonamiento en el que vivimos. Ya no son solo las ciudades, son las áreas rurales y las vías que están repletas de turbiedad. La obra realizada por este Gobierno en la recuperación de la red vial produce ahora una necesidad urgente: la Ley de Carreteras.

Ahora circular por el Ecuador ya no es tan grato. Las carreteras están repletas de inmundicia. Unas se expresan en la contaminación visual: vallas, letreros, latas, llantas, cartones, etc. Otras en polución en las cunetas, negocios y salones (agachaditos).

Viajar por las vías es evidenciar la congestión vehicular, una sola hilera de carros, camiones, volquetas, buses, remolques, tricimotos… Es comprobar que viajamos ya no por una carretera sino por una calle ancha: casas, tiendas, quioscos, cajones, talleres y cuanta edificación posible se levanta en todo el trayecto, casi podríamos decir que no hemos salido de la ciudad.

Se permiten lubricadoras en la propia vía (Alóag-Santo Domingo junto a la cascada de Alluriquín). Es impresionante la cantidad de cabarés, night clubs, prostíbulos apostados junto a la calzada. Los moteles, enormes construcciones que se expresan eufóricos a la entrada y salida de las zonas urbanas.

Los accidentes de tránsito obedecen al desorden y caos, son producto del hacinamiento vehicular y por cierto a la irresponsabilidad total. Las muertes en las carreteras no se resuelven solamente bajando los niveles de velocidad. Se reduce haciendo que el desplazamiento no sea tan turbulento.

Nadie ha explicado a los conductores sobre la obligatoriedad de manejar por la derecha y solo usar el carril izquierdo para rebasar. No hay una capacitación para el uso de las luces bajas e intensas. Hay reflectores públicos en cualquier escondrijo del camino que encandilan a los conductores. Y claro los rompevelocidades desperdigados en toda la geografía en evidente homenaje al subdesarrollo.

Los vehículos pesados exhiben en la noche una gama portentosa de luminarias, luces led, en todo espacio posible, sin duda una algazara brutal de barbarie.