Abelardo Pachano

La ley artículo de conveniencia

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14 de September de 2012 00:03

La lucha por el imperio de la ley sigue siendo una tarea pendiente en algunas partes del mundo. En su gran mayoría son países que no logran descifrar la importancia de su vigencia, tampoco salen de la pobreza y no entienden el enorme papel que desempeña en la consolidación de la democracia, el respeto a la libertad y los derechos de los seres humanos, así como en la formación de un ambiente rico en soluciones de las necesidades sociales.

Fácil evadirla. Basta con no someterse a sus dictados o encontrar la forma de burlarse de su contenido. A menudo se le hace una chicuelina con argumentos que recuerdan a esos viejos pensadores torcidos de la escuela sofista griega, que por cierto, en estos tiempos tiene algunos asiduos seguidores. Pero es la existencia de la ley y su respeto lo que diferencia a una sociedad civilizada de aquella en la cual impera la anarquía, convive la incoherencia y cultiva la sinrazón.

En los mapas que describen la composición del mundo en términos de su grado de desarrollo, de equidad y bienestar, se aprecia con nitidez el indiscutible y hasta imprescindible papel de la adhesión a este principio de defensa del derecho con la obtención de réditos en la calidad de vida de los seres humanos.

No es un atributo de los países del hemisferio norte, aunque buena parte de ellos la practican, pues en el sur también se aprecian las virtualidades de su respeto y apego. Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, Chile son ejemplos de esa virtualidad. Incluso Colombia, con todos sus problemas hace esfuerzos por mantenerla. La historia del Frente Nacional tiene episodios del coraje de los dirigentes políticos en reconocer que su país no tenía futuro sin resolver sus desavenencias políticas bajo el respeto de la constitución y las leyes.

En cambio, el Mercosur con lo decidido en Mendoza al aceptar a Venezuela como miembro y suspender a Paraguay sin más trámite, marca un línea de menosprecio a la ley y los tratados. El ex presidente Sanguinetti bien lo dice: “En nombre de la democracia, se han desconocido todos los valores que la sustentan. Ya no hay ley ni principios. En nombre de solidaridades o enemistades políticas, se actúa sin las limitaciones del derecho. Ni el principio de no intervención ha quedado en pie. A partir de ahora todo es válido. Y es muy triste reconocerlo”. Pregunto: ¿a eso el Ecuador quiere adherirse?

En el país hay múltiples muestras de la utilización de la ley como instrumento de conveniencia. Solo señalemos dentro de los innumerables ejemplos conocidos, la forma incoherente de resolver el delito penal tipificado por las firmas falsas encontradas en las listas de adhesión a los movimientos políticos, entre las cuales también se ha incluido de forma abusiva y arbitraria la mía.