29 de March de 2011 00:00

¡Levántate, trotador!

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Pablo Cuvi

Te has despertado antes de las 6 pero sigues inmóvil en la cama. Ya has pensado en un par de temas desagradables que te aguardan y no tienes ningún deseo de levantarte, muchísimo menos de salir a trotar. Hay que creer en el cuerpo, o en la moda, o en las promesas oficiales, en algo que te motive. No prendes la tele para no ver a Shakira besándose con un futbolista que corre 12 horas al día; para no ver guerras, tsunamis, fugas nucleares, neonatos en cartones, cadenas nacionales. A William James, filósofo y psicólogo gringo, le intrigaba eso: que a pesar de no tener motivos, igual nos levantáramos. La voluntad, decía, es la fuerza de la voluntad la que te pone en pies. Y en esos pies pones unos Adidas y sobre los Adidas un hombre que pretende trotar por el Paseo Escénico sucio y descuidado. La dosis se repite tres veces por semana pues si lo vas a hacer solo el sábado mejor quédate en la cama para evitar que te de un infarto.

‘No solo ejercito mi cuerpo sino mi voluntad’, te dices con la lengua afuera, pero sintiéndote moralmente superior a quienes siguen dormidos tras la comilona y la borrachera de anoche. Pero has leído en el periódico que, según un último estudio, resulta que los atletas perfectos, que nunca beben ni han fumado nada, cuarenta años entrenando como locos, desarrollan fibrosis en el corazón.

Para no hablar de los trotadores que terminan con las rodillas hecho pomada. De yapa, te cruzas al volver con la Ruth Engel, que esboza una sonrisa: “De la penitencia, ¿no?”.

¿Qué dirán los sibaritas que, armados de vasos de whisky, se burlan de estos personajes patéticos que corren contra el paso del tiempo? Es como lanzarse a nadar desde el Titanic en lugar de hundirse borracho con la orquesta, que sigue tocando.

Superados los obstáculos físicos y mentales, sudando con la satisfacción del deber cumplido, abres una Newsweek cuya portada reza: ‘Grow your mind’. Chao, olvídate de las vitaminas y esas ondas. La clave para desarrollar el cerebro es la atención que se pone en una tarea determinada, sobre todo si es algo nuevo, como aprender otro idioma.

Y aunque sea políticamente incorrecto repetirlo, la nicotina fortalece aptitudes cognitivas tales como la memoria y la mentada atención.

En igual sentido trabajan la cafeína y la prohibida ritalina, que además incrementan el nivel de dopamina, responsable de la motivación y la sensación de recompensa que ayudan al aprendizaje.

¡Toma tu maqueño!, tantos millones de fumadores y cafeinómanos no podían estar equivocados: se mueren con cáncer pero con las mentes lúcidas y las barrigas ardientes.

Solo te queda el consuelo que sí, que el ejercicio físico y los juegos de video también ayudan al coco. Pero con todo lo dicho, a ver si te levantas mañana de la cama.

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