León Roldós

¿Y los días que vienen?

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La visita del papa Francisco, que concluye hoy, les ha permitido a los sectores dominantes asumir un cristianismo de formas externas.

¿Cuán cristiano será su comportamiento en los días que vienen? De serlo, también deberían evidenciarlo en los hechos, principalmente en el respeto a la libertad de disentir y de coincidir.

Hay miedos que a unos asustan y a otros les potencian a resistir y a enfrentar al poder.

Los que tachan a otros de no decir la verdad, a su vez expresan medias verdades que terminan siendo tan atroces como las peores mentiras.

La siembra del agravio –usual práctica de las sabatinas- recibe similar respuesta. “¡Fuera, Correa, fuera!” vs. “¡Fuera, golpistas fuera!”, o “vean sus rostros, identifíquelos, por si los encuentran”, ¿será para que agredan a los contrarios?

Hay desinformaciones que a su vez generan rumores que pueden ser catastróficos para la estabilidad política y económica. La pretensión de querer imponer transacciones electrónicas llevó a pensar en que habría riesgo de que se abandone la dolarización.

El Presidente fue enfático, por un lado señaló que esas transacciones serían voluntarias, por otro expresó : “... mientras yo sea Presidente, se mantendrá la dolarización, salir de esta sería una hecatombe”.

Los rumores regresan cuando se anuncia un mecanismo de emisión de títulos del Banco Central para liquidar cuentas del Estado con sus contratistas. ¿Cuánto se le debe a los contratistas? ¿Se les va a pagar con papeles? ¿Cuál será su impacto en la economía?

Verdad que el poder de los actores económicos no debe estar sobre la macro política del Estado ni condicionar a ésta, pero también es criminal que los actores políticos – y los de los entornos del poder- generen riesgos porque no sustentan ni sopesan adecuadamente declaraciones y decisiones que pueden perturbar a la economía.

Una de las peores facetas del poder es imponer humillaciones forzosas, como aquélla generalizada de que los medios de comunicación y las personas publiquen “disculpas públicas”, a quienes están en el poder, so pena de otros abusos o atropellos.

Una cosa es que frente a una versión, se requiera el espacio similar para una rectificación o una réplica, de ser el caso, pero nadie debe ser obligado a pedir disculpas o a retractarse, lo que siempre debe quedar en el fuero interno de la persona que decida si hay lugar a las disculpas o a la retractación. La imposición de éstas es propia de la época de la inquisición condenada por el Papa Francisco, quien días antes de su viaje al Ecuador, pidió perdón a otras iglesias cristianas por la persecución que sufrieron por la intolerancia del poder vaticano cuando este –siglos atrás- condenó a tales iglesias.

¿Habrá rectificaciones en los próximos días? ¿Será iluso esperarlo?