Marco Arauz

Moreno y su piedra en el zapato

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En la práctica, y pese a las valoraciones del Ejecutivo e incluso de organismos como el FMI, ocho meses después de la llegada del presidente Lenín Moreno a Carondelet, se sigue sintiendo la necesidad de definir un rumbo económico. Ojalá lo tengamos una vez que se procesen los resultados de la consulta; ojalá que el Gobierno quiera y pueda salirse del libreto político.

Y no es que haya estado mal la toma de distancia con la forma y el fondo del correísmo -varias preguntas de la consulta y referendo retratan bien lo que se quiere dejar atrás-, sobre todo en materia de transparencia, desconcentración de poder y lucha contra la corrupción. Siempre es más fácil juzgar desde afuera, pero han sido meses de oportunidades perdidas y de pocos avances para construir una economía que no siga atada a un Estado dictador.

Ese Estado que despilfarró y se endeudó con la promesa de cambiar la matriz productiva pero que solo apuntaló un modelo para beneficiar a contratistas y a funcionarios corruptos. Un Estado que deja obras sobrepreciadas e inútiles. Que no logró resolver la desnutrición crónica pero levantó grandes hospitales, que construyó millonarias centrales hidroeléctricas pero no cumplió la promesa de reducir la importación de gas.

Cuando el propio Presidente ha puesto sobre el tapete, durante sus dos últimos diálogos con periodistas, su convicción de avanzar en un acuerdo comercial con Estados Unidos, uno se pregunta por qué una decisión que volvería a aproximar al país a su principal socio comercial tenía que haber esperado las postrimerías de la campaña por la consulta para implementarse.

Cuando el Presidente declara que el caso del asilado Julian Assange en la Embajada de Ecuador en el Reino Unido es heredado, pero constituye una piedra en el zapato a la que hay que buscar una salida razonable, uno se pregunta por qué este tema no fue bien manejado en la instancia correspondiente, para que no fuera Moreno quien ahora tenga que ocuparse personalmente.

La Cancillería no parece estar sintonizada con el Presidente en estos temas. Hay que preguntarse si Moreno, quien ha dicho que los derechos humanos son importantes, está de acuerdo con unas declaraciones hieráticas sobre la crisis en Venezuela, donde la vida ha perdido todo valor. ‘Ecuador no da clases de democracia a terceros países’, dice la Canciller, pero aparentemente es lo que quiso hacer con el Reino Unido en el caso Assange.

El Ecuador padece en estos momentos para encontrar un socio en la Refinería del Pacífico, a causa no solo de la corrupción alrededor de un gasto millonario y superfluo sino del incumplimiento del Gobierno Bolivariano. ¿A nombre de qué y de quién? ¿Había que esperar los resultados de la consulta para descubrir la verdadera piedra en el zapato?