9 de July de 2010 00:00

Legionarios de Cristo

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Enrique Ayala Mora

Nunca se habrá tomado el nombre de Cristo de manera más blasfema. Pero el hecho es que la ‘Legión de Cristo’ fue una organización no solo aceptada, sino apoyada por el Vaticano durante años. El Papa Juan Pablo II la consideraba un puntal de su política contra el mundo moderno. Varios dirigentes políticos, entre ellos los del partido que ahora gobierna México, la han tenido como un aliado fundamental en su lucha contra el laicismo.

Pero, además de ser una organización fundamentalista de extrema derecha, que embrutece a sus miembros para embarcarlos en una acción de fanáticos que nada tiene que ver con el mensaje cristiano, la vida de su fundador, el cura mexicano Marcial Maciel, ha sido revelada como uno de los ejemplos más depravados de pederastra, farsante y manipulador de la fe.

El de Maciel no es un caso desagraciado de desviación de un cura suelto. Fundó en 1941 la Legión de Cristo, una organización religiosa reconocida y bendecida por el Papa, que ahora cuenta con 900 curas, 3 000 seminaristas y 70 000 miembros seglares, que viven en 18 países. La Legión creció por su agresividad contra los cristianos comprometidos con el pueblo y por el apoyo de los poderosos.

Maciel vivió una doble vida. Era sacerdote y jefe de los legionarios de Cristo. Dirigió su “legión” como una banda de fanáticos con el apoyo de sus contactos vaticanos y mexicanos. Bajo otro nombre convivió con Blanca Estela Lara, una joven de 19 años a quien hizo su amante cuando él tenía 56. Con ella tuvo dos hijos.

Hasta aquí su vida parece irregular, pero no fue solo eso. Por años violó a sus seminaristas menores de edad y hasta a sus propios hijos. Ellos y su compañera hicieron ante la televisión revelaciones terribles, que me resisto a escribir en esta columna. Esto lo conocían hace años sus subalternos legionarios y las autoridades eclesiásticas, pero no hicieron nada y dedicaron sus ingentes recursos al encubrimiento. En una foto del 2005, el ‘padre ’aparece con su hija secreta y su amante en una casa de la Legión de Cristo en México, donde su doble vida era ya conocida.

La situación era ya tan escandalosa, que en el 2006 el nuevo Papa Benedicto XVI lo separó del sacerdocio y dispuso una investigación sobre el caso. Los legionarios empeñaron su inmenso poder para ocultar los hechos, pero éstos han salido a la luz. Hace pocas semanas, abrumados por las hazañas de Maciel, publicaron un documento en que lamentan los hechos, reniegan de su ‘padre’ y piden disculpas por los daños que causó. Una acción extemporánea y hasta cínica que se tomó solo cuando las evidencias eran incontestables.

Queda pendiente la decisión que debe tomar el Papa Benedicto ante la ‘Legión de Cristo’, que ciertamente no podrá, aunque tenga miembros inocentes y de buena fe, desprenderse del ‘carisma’ de su fundador.

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