Enrique Ayala Mora

Legado de Agustín

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30 de November de 2012 00:00

Poseía imaginación y el don de explicar con sencillez cuestiones complejas. Tenía una vasta formación teórica, gran conocimiento de su país y América Latina. Buscaba explicaciones originales a problemas que muchos creían resueltos. No ocultaba sus posturas polémicas y las defendía con pasión y solidez. Era agudo y a veces usaba un agrio sentido del humor. Pero sobre todo, tenía una enorme sensibilidad estética y un gran sentido humano.

Así era Agustín Cueva, pionero de la renovación de las Ciencias Sociales en el país, y uno de los académicos ecuatorianos que mayor influencia tuvo a nivel latinoamericano. Fue director y animador de la Escuela de Sociología de la Universidad Central, docente en varios países del continente y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde ganó enorme prestigio.

Hasta los años sesenta, las interpretaciones de la historia y la realidad nacional estaban dominadas por posturas tradicionales conservadoras y por el positivismo que se impuso con el Estado Laico. El vigoroso pensamiento socialista que había surgido en los años veinte, mantenía sus elementos críticos, pero demandaba una actualización teórica. Entonces, una generación de académicos, una de cuyas figuras más relevantes fue Agustín Cueva, realizó una amplia tarea de renovación que se extendió por varias décadas.

Cueva escribió ensayos que abordaron temas cruciales sobre nuestra realidad nacional y la naturaleza de la literatura ecuatoriana. También produjo varias obras sobre la realidad latinoamericana y la teoría marxista. Sus textos se debatieron en universidades y centros especializados, pero fueron también leídos en las aulas educativas de secundaria. Mucha gente del común lo asumió como parte de su cultura general.

Varios escritos de Agustín Cueva ya se consideraban clásicos de nuestros estudios sociales cuando el autor estaba todavía vivo. Ahora son elementos centrales de nuestro pensamiento. Sus grandes y originales aportes, sus intuiciones, vacíos, errores y limitaciones permitieron avanzar al pensamiento crítico en medio de contradicciones y enfrentamientos. Aunque suene a lugar común, digamos que la mayoría de ellos mantiene sorprendente actualidad.

La conmemoración de los veinte años de la muerte de Agustín ha sido ocasión para rendir homenaje a su memoria y reconocer su legado intelectual y humano. Para ello se han juntado, la Escuela de Sociología de la Universidad Central, la Universidad Andina Simón Bolívar y la Universidad Técnica del Norte. Han desarrollado dos seminarios en Quito e Ibarra y se ha editado el libro ‘Agustín Cueva, veinte años después’, con el sello de la Campaña de Lectura Eugenio Espejo.

La obra circula en un momento de aguda polémica. No está mal para recordar a quien debe tanto el pensamiento crítico latinoamericano.