Juan E. Guarderas

Lecciones de ‘realpolitik’

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Almarxismo le debemos una de las herramientas más útiles de análisis, el materialismo histórico.

Frente a una interpretación idealista que intenta explicar la historia en función del desarrollo ideológico, el materialismo entiende que son razones económicas las que determinan el curso de la historia. Nuevas relaciones de producción, nuevos poderes económicos generan las ideas de moda y son las verdaderas causas de los hechos históricos.

De manera similar existe el término ‘realpolitik’, que alude a cuando la política o las relaciones diplomáticas no se basan en principios éticos, sino por el contrario en motivos materialistas. Estos días tenemos dos casos claros.

De manera sigilosa, casi secreta, Francia concedió su galardón más importante –la Legión de Honor– al príncipe saudita Mohamed Ben Nayef. Normalmente las consideraciones atrás de esta condecoración son las más altruistas… pero, ¿ha habido grandes progresos de libertad, igualdad o fraternidad en Arabia Saudita?

Se filtraron emails de los servicios diplomáticos franceses en los cuales se señala que antes de que asuma la jefatura de Estado hay que apoyarle al heredero para que “mejore su reconocimiento internacional”. De paso marcando un puntazo con un socio económico estratégico. Un socio que cada año celebra contratos millonarios para la compra de armas francesas. Justamente en uno de los emails los funcionarios bromeaban que “sería un buen momento para comprar acciones” de las empresas galas de armamento. Se calcula que ese régimen ha ejecutado a 2 208 opositores, y mantiene a las mujeres en una situación de desigualdad gravemente anacrónica; ahora se los condecora. ‘Realpolitik’.

Por otro lado, Bashar al Asad, el “Presidente” sirio (si se lo puede calificar así), logró recuperar la histórica ciudad de Palmira. Patrimonio mundial de la Unesco, el líder sirio se congratuló con la comunidad internacional al expulsar de allí al Estado Islámico. Pocos años antes la comunidad internacional apoyó incluso militarmente para derrocar a Asad, quien se ha salvado por los pelos. Todo parecía que iría directo a los tribunales de La Haya por sus crímenes contra la humanidad. Pero como un excanciller francés lo señaló: “Si el diablo tiene una solución para Siria (respecto a la presencia del EI) hay que hablar con el diablo”.

Lo más divertido es que Palmira no es una ciudad ni mínimamente relevante, los comandos del EI allí eran totalmente insignificantes. Hay otros lugares donde hubiera sido infinitamente más útil enfocar los esfuerzos de las fuerzas militares, por ejemplo en Raqqa. Puro simbolismo destinado a conseguir otro objetivo, la permanencia en el poder de Asad.

Así es la ‘realpolitik’.