Miguel Rivadeneira

Lecciones del pragmatismo chino

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mrivadeneira@elcomercio.org

La República Popular de China expresa un modelo político y económico que se complementa, en contraste con la demagogia y el fracaso que se advierte en América Latina, que son buenos para endeudarse, administrar y gastar los recursos públicos en bonanza pero malos para enfrentar las crisis, cuando se debe ver las ejecutorias de los gobernantes estatistas. El pragmatismo chino es evidente, a diferencia de los discursos populistas que atrapan a los electorados, que se dan cuenta tardíamente, como ha sido el fracaso de los 12 años del kirchnerismo en Argentina y otros y hoy les toca afrontar la crisis.

Con ocasión de un encuentro particular (think thank) en Beijing entre la Asociación del Pueblo Chino por la paz y el desarme y una delegación de seis países de Latinoamérica, las evidencias demuestran las acciones prácticas, con un partido único predominante pero con una gran apertura al mercado, que en América Latina detestan, con un ambiente favorable y de confianza para la inversión privada y el desarrollo económico, con reglas claras de juego estables que se respetan.

Según el secretario de esta Asociación, Zhu Rui, el Gobierno regula pero no interfiere en el mercado. Se limita a no intervenir en el sector productivo, conscientes de los problemas que tienen las empresas en materia de calidad, contaminación, medioambiente, corrupción y por eso buscan la manera de mejorar sus prácticas, sin negar ni justificar las fallas que cometen.

Se parte de principios de respeto de esa gran cultura milenaria: empresa en lugar de que todo haga el Estado. Estudio y preparación en vez de nombrar solo a amigos y cercanos que rotan y reciclan en un gobierno sin meritocracia. Amor y armonía en lugar de sembrar el odio por el solo hecho de criticar u oponerse a las políticas públicas de un modelo que fracasa. Amistad y diálogo en lugar de intolerancia y confrontación permanente.

China impulsa grandes zonas de desarrollo pero reconoce que le hace falta trabajar mucho en el sector rural, que refleja similitudes con el África. Impulsa una sociedad que coma y viva bien en medio de una vida moderna. Uno de sus principales objetivos es lograr que sea modestamente acomodada. Es decir, impulsa de abajo hacia arriba, crea nueva riqueza, sin liquidar ni ahuyentar a los capitales ni luchar en forma regresiva para que todos sean iguales, pero en la pobreza y subsidiados, como sucede en nuestra región.

Venezuela es un ejemplo de una revolución fracasada pese a los miles de millones de dólares recibidos por concepto de las exportaciones petroleras y que no administraron bien. Hoy no tienen ni artículos de primera necesidad. Se ha logrado combinar un desarrollo sustentable que lucha por la paz, la armonía, sin confrontaciones dañinas ni la destrucción del contrario. No hace alianzas público privadas solo cuando necesita y tiene problemas económicos sino en forma permanente.