María Cárdenas R.

¿Lección aprendida?

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Una lección es una oportunidad de aprender para lograr un cambio positivo hacia el futuro en el que, sobretodo, nuestros hijos vivan bien, con trabajo seguro y crecimiento. Una década de división y el resultado, una victoria, la filosófica frase se convirtió en realidad. ¡Divide y vencerás! Divide por clase, economía, raza, religión, ideología y lograrás tu cometido.

La guerra del poder ha ganado, el país está dividido y así de tan bien como los poderosos actuales han aplicado la lección, el resto, los que van siendo más, muchos más, parece que no pusieron atención a la magistral clase.

¿Aprendieron más de vanidad y ambición de poder? ¿Olvidaron la primera lección? El pueblo es el mandante y, por ellos, se hace política, no para satisfacer sus inversiones políticas de años o su ambición personal. ¿En qué pensaban mientras se desarrollaba la lección?
Gracias a un excelente manejo de la propaganda, a ritmo de publicidad comercial, crearon un producto “indispensable”, como si el personaje fuera un dios y sus palabras, alimento del cielo.

Este se ha convertido en un mal contagioso, una imagen que, ante su supuesto suceso, se pasa desde el más alto nivel de poder, el nacional, hasta los locales. Un virus enfermizo de irrespeto al pueblo, insultando su inteligencia, su sensibilidad y su palpable necesidad. Se disminuye el poder de compra, las posibilidades de trabajo desaparecen, los negocios cierran, obviamente, los más pequeños, que afectan a la población menos afortunada; el famoso invento del seguro de desempleo no alcanza ni para la cantidad de desempleados ni para su hambre, la felicidad va desapareciendo, se siente un peso en el aire. Hay obra, tanta, que intentan desprenderse de ella, propiedad del pueblo, para lograr el corriente, ese que escasea y que pretende ser reemplazado por el que no se ve ni se topa. Son menos, muchos menos, los que ya no quieren del mismo pan.

El poder de convencimiento se desvanece, las mentiras son poco convincentes, se destapan. El sentimiento de descontento funciona en pirámide, desde la cúspide hasta la base del poder. El pueblo ya no perdona imposiciones poco democráticas; ideologías llenas de odio y, las propuestas de división, ya no se tragan.

Buscamos un pueblo unido, donde las diferencias sean factor de unión y, por lo tanto, de fuerza. Deseamos un futuro donde la unión, la concertación creen una sola ola triunfante a favor de los ecuatorianos.

Ecuador necesita liderazgo sano que lo incluya en el mundo y a la vez, sea incluyente para todos. Es el momento de un solo frente, no dividan el voto. Este corre suficiente riesgo y no es exactamente propiedad del votante.

Creen concertación. Aprendan la lección, la división no es una solución. La única arma del pueblo contra el abusivo poder es la unión, si la logramos, habremos aprendido la lección.

mcardenas@elcomercio.org