Oswaldo Jarrín R.

Lealtad perturbada

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Se califica como “mediocre” la decisión del gobierno de entregar a la Conaie, en comodato su edificio por cien años, con lo cual se trataba de resolver una de las incoherencias del gobierno anterior de desalojar de su edifico a la organización indígena más grande y representativa del Ecuador.

La grosera incoherencia del ex presidente ecuatoriano en el 2015 se dio cuando disponía el desalojo de la Conaie, al mismo tiempo que con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército construyó 700 suites para estudiantes universitarios y entregó 560 viviendas en Cuba, extralimitación del poder político con el que se burlaba de las organizaciones nacionales y del derecho constitucional ecuatoriano.

El ex gobernante, considera como irascible que sus decisiones no fueran respetadas; sin embargo, no reconoce la defensa a ultranza del vicepresidente de la República, en que por disciplina partidista se omite cualquier argumento objeto de investigación, dejando a la opinión nacional lucubrar sobre un probable choque de trenes, o al menos un tenso compás que dilate la resolución de los casos de corrupción.

El quid está en no dejar el menor atisbo de decisión política gubernamental, ante el ojo inquisidor de Alianza País y del odio sembrado en sus seguidores o de la orientación política del círculo cercano a la Presidencia que diseña las estrategias.

Esta exigencia de lealtad, está seguida por otros casos minúsculos, como mantener exhibido en las oficinas, el retrato del anterior mandatario no obstante que su estribillo de “hasta la victoria siempre”, no le eximen de ser ahora un ciudadano más. Asimismo, se amenaza con salirse del partido si no se sigue a pie juntillas la hoja de ruta previamente diseñada por el ex gobernante, todas ellas, manifestaciones de una lealtad trastornada.

Ahora, como se debe interpretar que luego de haberse esforzado en forma permanente por destruir a las FF.AA, con la reducción de personal, eliminación del régimen especial del sistema de seguridad social del las Fuerzas Armadas, Issfa, con la reacción de un órgano paramilitar de protección de personalidades al margen de las instituciones de defensa y seguridad nacional, el ex gobernante pida seguridad personal y familiar, un helicóptero para trasladarse al aeropuerto y transporte militar, para salir de la ciudad, en sincronía con la despedida organizada con los comités de la revolución ciudadana.

La respuesta está en el verdadero sentido de la lealtad, que basa sus decisiones en el compromiso legal, respeto y subordinación “política” a la autoridad constituida, más allá de las consecuencias derivadas de sus decisiones políticas antimilitaristas. Estricta correspondencia entre autoridad, decisión y responsabilidad que corresponde únicamente a una institución profesional.

No hay por lo tanto una lealtad personalista, sumisa al fanatismo, sino al cumplimiento, aunque doloroso, de la ley.