Marco Arauz

Lo que le falta a Rodas

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marauz@elcomercio.org

Dentro de poco, Mauricio Rodas cumplirá ocho meses en la Alcaldía. Se antoja que el vacío en el balance no viene del lado de las acciones, sino de su capacidad para liderar una visión de ciudad. Al fin y al cabo, los grandes alcaldes son aquellos que encarnan y empujan el ideal cívico-político de sus ciudadanos. Quizás su afán de hallar la justa distancia con el poder central y de cuidar su imagen le está arruinando esa posibilidad.

Por supuesto, el 2014 le deja resultados favorables, como el cumplimiento de su promesa de campaña de reducir las multas y los impuestos, algo que causa molestias en filas gobiernistas, proclives a que el ciudadano sienta el peso del Estado, en nombre de la cultura tributaria. También puede exhibir la continuidad de obras importantes como la Ruta Viva, con el añadido de haber dado los créditos a quienes los merecían.

Los retos pendientes son, sin embargo, grandes. Uno de ellos es la movilidad. Más allá de las medidas adoptadas para paliar los padecimientos de diciembre, debe tomar en estos días decisiones sobre el costo del transporte público. La construcción, o no, del Metro es otra gran decisión, como parte de una solución integral para el transporte. Si bien se trata básicamente de un tema económico, será indispensable una posición cívico-política para destrabar el debate en el que también toma parte activamente el Gobierno.

Pero hay otros asuntos importantes que tienen un gran componente de participación ciudadana, como la seguridad, el cuidado ambiental, la calidad patrimonial de la ciudad o la inclusión social.

Los jóvenes, por ejemplo, tienen expectativas específicas sobre esta administración y existe la promesa pendiente de crear una cultura inclusiva en Quito. No se ha sentido hasta ahora que el alcalde Rodas haya gestionado esas sensibilidades, pese a haber llegado al cargo con la expectativa de encarnar valores de civilidad, de contemporaneidad, de participación.

Es sobre esas bases sobre las que puede construirse un liderazgo político en una ciudad que tiene varias especificidades -es la capital, ha sido el centro de las ideas políticas del país, es Distrito Metropolitano, no tiene gobernador-. La lógica de ese liderazgo local es distinta a la de un liderazgo nacional, y el alcalde Jaime Nebot lo ha entendido bien al encarnar e impulsar los valores de Guayaquil. No se trata, en última instancia, de ser bien comportado u optimista, sino de ser auténtico.

Rodas tiene el tiempo y las condiciones, pero deberá ir más allá de los objetivos cuantitativos. Debe poner a Quito a pensar, a debatir y a actuar sobre los temas que importan a los ciudadanos como parte de su identidad. Las obras se aplauden, son indispensables, pero no son suficientes si de lo que se trata es de construir un liderazgo que movilice, en el mejor de los sentidos, a Quito.