Fabián Corral

La izquierda infantil

valore
Descrición
Indignado 11
Triste 2
Indiferente 3
Sorprendido 0
Contento 75

La izquierda latinoamericana, pese el tiempo y a la experiencia histórica, no ha llegado a la pubertad. La ecuatoriana, por su parte, sigue anclada en el infantilismo de los sesenta y, pese a la numerosa “intelectualidad” que le hace la corte, no ha podido sacudirse de los lugares comunes, el análisis simplista y la invencible tentación de suplantar la realidad con la ideología.

Esa izquierda, por cálculos electorales, ha simulado hacerse democrática. Pero no ha logrado superar la intolerancia y el dogmatismo que provienen de la errónea creencia de que la verdad le pertenece y de que tiene los secretos de la felicidad. Hay en sus perpetuos dirigentes la tendencia a “enojarse” con la realidad, a descartar todo lo que se oponga a su utopía, y a ignorar deliberadamente lo que ocurrió con el socialismo real, que descalabró economías, países y personas. Hablar de las soluciones políticas inspiradas en sus viejas tesis, negándose a recordar las dictaduras, represiones y abusos que causaron sus ensayos, es simple irresponsabilidad histórica.

En el caso ecuatoriano, ese infantilismo se agrava por el hecho de que la izquierda radical nunca antes ha sido gobierno y, por tanto, no ha pasado de las lógicas de la oposición, de la retórica de la ‘revolución’ de cafetín y de la táctica del bloqueo y el alboroto. Pero, cuando se llega al poder, las cosas se complican porque hay que contar con la realidad, con las verdades de la economía y las limitaciones de la sociedad. Y hay que tomar en cuenta que, más allá de las fronteras, o de los auditorios donde se hacen los discursos y se reciben los aplausos, está el incómodo mundo exterior. Cuando se ejerce el poder, atrincherarse en el radicalismo de la infancia política, es un disparate que conduce a la liquidación económica y a la frustración nacional.

En esas circunstancias, la madurez obliga a admitir que hay más gente que la del grupo militante, que hay otras razones distintas de las propias, que la sociedad es más compleja que el catecismo ideológico, y que los hechos se imponen con la lógica incuestionable que les caracteriza.

Por ejemplo, hay que aceptar, aunque para algunos sea estremecedor, que el novelero socialismo del siglo XXI y los estados ficticios que está “construyendo”, son imposibles si cae el precio del petróleo y si el capitalismo entra en una de sus periódicas crisis. Los ensayos de ese socialismo, paradójicamente, son lujos que pueden darse algunos países cuando el sistema de mercado prospera en el mundo, y hay plata para gastar.

Ahora, la izquierda, eterna e intransigente opositora, debe colaborar en manejar el sistema, y hacerse pragmática y tolerante, para que el descalabro económico que se viene no sea tan estrepitoso.

Dramático ciertamente.

(Publicado en octubre de 2008)