16 de February de 2010 00:00

Lágrimas por ITT

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Manuel Chiriboga Vega

La virtud del espejo es reflejarnos tal como somos; no hay cristales mágicos salvo en los cuentos de hadas. Utilizo esta imagen de Grace Jaramillo en EL COMERCIO a propósito del ITT.

A mi juicio, era claramente una apuesta de articulación nacional de futuro; un retrato de nuestro país que podíamos exhibir en el mundo de lo que un país pequeño, pero de gran calidad moral, era capaz de sacrificar por un futuro mejor para todos. Pero también su abrupto final es una señal clara de nuestras limitaciones como sociedad y del Gobierno que elegimos.

Lo interesante es cómo se construyó la propuesta para dejar el petróleo y preservar ese maravilloso patrimonio natural y social.

Fue un proceso en que participaron los pueblos y nacionalidades indígenas, los movimientos ecologistas, los conservacionistas, los académicos, los políticos, los empresarios y el Estado. En esto no hay paternidad como parece querer atribuirse el presidente Correa, sino una construcción colectiva.

La comisión del ITT reflejaba bien esta articulación: un empresario turístico innovador y soñador, un alto funcionario de Estado en relaciones exteriores, un académico y ministro, la mayor ambientalista del país y seguramente la persona ecuatoriana más conocida y respetada a nivel internacional, un científico social de altísimo nivel como asesor de la Comisión. La propuesta es lo que más se acercó a un proyecto nacional, que articula actores y visiones y se imagina un futuro diferente.

Así que cuando el Presidente acusó al equipo de haber hecho una pésima negociación, desbarató no solo la viabilidad de la propuesta, sino un elemento de encuentro de las mejores capacidades de nuestro país.

Me imagino que esto es difícil comprender para un economista acostumbrado a la crítica y no a la construcción de un proyecto nacional consensuado de futuro.

Su discurso rompió uno de los elementos que me mantenía en una línea de apoyo crítico. Queda ya muy poco de sueños en este Gobierno; predomina una lógica irredenta de poder, basada en clientelismo político y manejo comunicacional.

¿Qué movió a Correa a minar la propuesta negociada? ¿Una mano lubricada por intereses petroleros? ¿Una ávida de recursos para la maquinaria clientelar? ¿El éxito de la comisión en un proyecto que el mandatario no cree? ¿O un estilo personal que ataca sin razonamiento previo, aun cuando después se arrepienta? Solo su conciencia podrá responder; sus argumentos son pobres y no resisten el menor escrutinio.

Al romperse la propuesta trabajosamente desarrollada nuestra imagen desaparece y se refuerza la de un país que se refleja en sus pedazos dispersos, en la colcha construida sobre la base de retazos de diversas proveniencias, sin orden ni armonía.

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