Sebastián Hurtado

Lady Thatcher

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23 de April de 2013 00:02

La edad dorada del liberalismo económico se extendió en Occidente desde el despegue de la Revolución Industrial hasta fines del siglo XIX. Eran tiempos de "laissez faire" en que emprendimientos y mercados se desarrollaron casi sin intervención de los gobiernos y los resultados económicos se dejaban al azar. Durante este tiempo, rudimentarias economías feudales se transformaron en complejas economías capitalistas y generaron una riqueza material hasta entonces desconocida.

Pero inspirados en las ideas socialistas que florecieron en el siglo XIX, durante el siglo XX el mundo desarrollado creó una institucionalidad "progresista", que a través de la recaudación de impuestos, la regulación de los mercados, o la abierta estatización de las actividades productivas, buscaba modificar la aparentemente 'caótica' e "injusta" realidad económica y social vigente .

Así se gestaron las economías "socialdemócratas" moderadas en Europa occidental y aquellas abiertamente socialistas detrás de la cortina de hierro. Hacia los años 60, en la mayor parte del mundo desarrollado, los gobiernos tenían un control absoluto de la economía, como en el caso de las naciones del eje soviético, o uno parcial pero cada día más importante en las demás. Basta mencionar que en esos días en la 'capitalista' Gran Bretaña, hasta un 60% de las industrias se encontraban en manos estatales y los impuestos podían superar el 90% de la renta.

Durante los años 70 y 80 líderes políticos como Margaret Thatcher, advirtieron que el proceso de "estatización" de occidente había llegado demasiado lejos, lo que ponía en riesgo no sólo la viabilidad de sus economías, sino también las libertades individuales de los ciudadanos. Estos "nuevos liberales" (neoliberales) lideraron un proceso de "liberalización" económica en occidente que sirvió de ejemplo para otras regiones del mundo, e incluso incidió en el colapso del socialismo soviético.

Líderes como Thatcher abogaron por terminar con los excesos de la intervención estatal y no por un retorno al capitalismo "laissez faire" del siglo XIX. Consideraban que, mientras los sistemas socialistas no tenían viabilidad económica, los sistemas capitalistas "laissez faire" no tenían viabilidad política, por lo que optar por un punto intermedio era el camino adecuado. De hecho, a pesar de que Thatcher ha sido demonizada como una enemiga de las clases trabajadoras, en realidad mantuvo casi intacto el estado de bienestar británico que hasta hoy sirve de ejemplo para el resto del mundo desarrollado.

En ese sentido, Margaret Thatcher fue, sin duda, una de las mujeres más importantes del siglo XX. Una líder política pragmática de profundas convicciones liberales, a la que vamos a extrañar en estos tiempos en que Occidente luce nuevamente encaminado hacia un estatismo exacerbado.