Enrique Ayala Mora

El laberinto Made in USA

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Ser ‘policía del mundo’ no es tan sencillo. Y resulta, además, que puede también ser costoso. Estados Unidos ha constatado esta realidad en los últimos años, cuando se ha metido en el terrible laberinto de su política de Oriente Medio y en su enfrentamiento con el extremismo islámico.

Hace 20 años, los dos principales problemas de esa región para los estadounidenses y sus aliados de la OTAN parecían ser enfrentar la “cuestión palestina”, es decir apuntalar la represión sionista, dándole algún respiro a un gobierno moderado del Estado palestino, y “detener” el predominio de la “Revolución islámica” de Irán. Pero ahora la situación luce mucho más enredada.

Bush creyó que invadir Iraq tendría enormes ventajas, con el solo inconveniente de sostener un gobierno títere por un tiempo hasta que la oposición armada fuera vencida. Pero se topó con que el saqueo de ese país tenía un alto costo. Los gobiernos títeres no lograron estabilizarse, juegan sus propios intereses, agudizan las divisiones entre sunitas y chiitas, persiguen a los kurdos, sin poder organizar ni una administración ni una fuerza armada confiables.

Por otra parte, derrotado Saddam Hussein, que era visto como el demonio personificado, quedó en pie el peligro de Al Qaeda, una fuerza extremista dirigida por terroristas entrenados y financiados por Estados Unidos, cuando se enfrentaba a la URSS.

El asalto a las Torres Gemelas fue, al menos en parte, consecuencia de la acción estadounidense para crear fuerzas islámicas que luego se volvieron en contra.

Cuando se resolvió “imponer la democracia” en Libia, los gobiernos europeos y sus aliados norteamericanos creyeron que derrocando a Gadafi lograrían instalar allí otro gobierno títere y manejar su petróleo sin más, pero luego de su sangriento apoyo al golpe de Estado, constataron que el país saltó en pedazos y que no se logra siquiera establecer un gobierno. Aún más, en Iraq y Libia, los dos países “liberados” se levanta ahora una fuerza incontrolable, el llamado Estado Islámico, constituido en “califato” en guerra con Occidente y con sus propios adversarios, entre ellos grandes poblaciones musulmanas.

Ahora, el gobierno de Obama que trata de apagar los incendios provocados por el extremismo de Bush y los suyos, no puede retirar tropas de donde las tiene y más bien se ve obligado a enviar más. Apoya a gobiernos que no hace mucho eran sus enemigos, debe ayudar a los kurdos y debe comprarse las guerras de sus aliados como Arabia Saudita. Aún más, debe entenderse con países hostiles, incluso con Irán y su fundamentalismo.

No será fácil para Estados Unidos salir de su intervención en el Medio Oriente sin que tenga que contar más muertos. Y sobre todo, sin que otros pueblos sufran el peso de sus aventuras internacionales mal calculadas y peor ejecutadas.

eayala@elcomercio.org