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La pesadilla latinoamericana de caudillos eternizados en el poder se esfumó gracias a la crisis económica que desnudó la incapacidad de los populismos de izquierda para gobernar con recursos limitados. Todos pretendieron la reelección indefinida pero ninguno lo consiguió. Todos consiguieron pésimas calificaciones en economía y se desvaneció la popularidad construida con bonos, subsidios y opulencia. La corrupción afloró a pesar del encubrimiento sistemático y ahora están amenazados por justicieros.

El caso de Brasil es el más dramático y amenazador para la izquierda populista. Lula da Silva dejó el poder en condiciones gloriosas, con un nivel de popularidad al final de su mandato, como no se había visto jamás, y escogió al sucesor. Parecía protegido nacional e internacionalmente. Sin embargo, seis años después, se derrumba estrepitosamente perseguido por un justiciero, el juez Sergio Moro, empeñado en destapar la olla podrida de la corrupción. En una jugada desesperada de encubrimiento, la Presidenta Rousseff le ha extendido el nombramiento de ministro para darle fuero de corte y librarlo de su justiciero. Un salvavidas de plomo, según un analista. La última carta de Moro fue hacer pública la grabación telefónica entre Dilma y Lula que evidencia una interferencia en la justicia.

Los caudillos populistas fracasaron en el intento de reelegirse indefinidamente, después perdieron las elecciones y finalmente son acosados por la justicia. La izquierda latinoamericana está indignada con lo que considera persecución a Lula. Para la derecha es un sueño hecho realidad. Brasil muestra que para los caudillos que buscan protegerse de la justicia, no es ninguna garantía dejar el poder en manos del sustituto.

Todos temen que, tarde o temprano, aparecerán los justicieros. Cristina espera inquieta el desarrollo del caso Nisman y los casos de lavado y enriquecimiento. Maduro alarga su agonía con la protección de los jueces designados la víspera de la derrota electoral. Evo ha caído en una intriga de secretos, mentiras y corrupción. En Ecuador todavía no se inicia la campaña electoral y ya entró en escena la promesa de una comisión de la verdad.

La corrupción comienza con el financiamiento de las campañas. Contribuciones que esperan retribuciones, maletines con dinero de gobiernos amigos o contribuciones de carteles o guerrillas, siempre es dinero sucio que termina expidiendo olores delatores.
Un candidato a la presidencia preguntaba a uno de sus consejeros cuál sería el secreto del gobierno exitoso; un justo, le contestó su consejero; como pidió Dios para salvar a Nínive. Te bastaría un justo que se ponga al frente de los organismos de control y elimine la corrupción, concluyó el consejo.

lecheverria@elcomercio.org