Julio Pazos Barrera

Fernando Nieto Cadena

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Su poemario De buenas a primeras (1976), editado por la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, disgustó a quienes opinaban sobre literatura en los medios del Puerto. Dijeron que la institución mencionada malgastaba el dinero en publicaciones que atentaban contra el “buen gusto”. Desaprobaban el lenguaje y las construcciones de la expresión literaria. Veían irrespeto e ignorancia en los textos.

¿Qué originaba tales calificaciones? El poeta se proponía sacar a la poesía de la decadencia almibarada que la confinaba a la lectura de poemas sentimentales, propios de personas “cultas”. Para lograr su finalidad, el poeta utilizaba imágenes vigorosas. Se debía castigar a la poesía para que no anduviese por allí descarriada y engalanada con oropeles. La poesía debía abandonar los guantes de seda y expresarse con el lenguaje de la calle, es decir de la vida.

Esa expresión correspondía a una visión del mundo que, a su vez, desacreditaba ciertos lugares comunes infiltrados en la sociedad por un supuesto civismo, el mismo que sacralizaba a los símbolos patrios y a una ciudad idealizada en las ceremonias oficiales. La realidad era otra y los lectores se vieron en la situación de enfrentarla.

El lenguaje poético del poemario de Nieto Cadena cumplió con su finalidad: la poesía no era para adormecer sentimientos y sentidos, era, como auténtica poesía, para desarticular la modorra de los lectores.

La ignorancia aludida no tenía cabida. Una lectura atenta descubre los orígenes de la poética de Nieto Cadena. Clásicos y autores contemporáneos aparecen a modo de antecedentes. El autor leyó todas las obras recomendadas por Miguel Sánchez Astudillo S.J., Paco Tobar García, Filoteo Samaniego y otros profesores que integraban el Departamento de Letras y Castellano, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue allí donde Nieto inició su poética. Y allí compartimos los años con Fernando Nieto, el poeta ambateño Gustavo Cabrera, fallecido muy joven, Martha Lizarzaburo, Raúl Pérez Reyes y quien escribe estas líneas. No organizamos un grupo, pero editamos cuatro números de una revista, su título fue: La Revista.

Nieto Cadena retornó a Guayaquil, trabajó en la Universidad de Babahoyo y luego se marchó a México. En varias ciudades de ese país dirigió talleres literarios, actividad que aseguró su subsistencia. Falleció en Villahermosa.

Su poesía nunca dejó de ser impugnadora. Ni su percepción de la literatura, ni su pensamiento político, ni la tensión de su lenguaje, ni el recuerdo de Guayaquil, ni el desgaste del amor y la sexualidad, traspasados en su poesía, se apaciguaron. La crítica literaria estudiará y ubicará su obra en la tradición. Entre tanto, el poeta estará presente, como en esos días del ayer, en el laberinto que es la memoria.