Monseñor Julio Parrilla

Periferias existenciales

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24 de mayo de 2014 21:27

Muchos medios a lo largo y ancho del mundo, refiriéndose al papa Francisco, han subrayado el tema de las “periferias existenciales”, una de las líneas de fuerza de este pontificado. Dice el Papa que no podemos vivir ajenos al dolor, lejos de los espacios donde el hombre vive, trabaja, lucha, espera y se desespera.

A veces vivimos excesivamente ajetreados, con prisas, dispersos, ocupados en cosas secundarias, superfluas que, en el fondo, no inciden para nada en nuestra vida. Este despilfarro de tiempo y de energías produce en falta de ánimo y de pasión poco saludable. Casi sin quererlo, acabamos centrados en nosotros mismos, sólo pendientes de nuestro bienestar.

Una vida ética (con mayor razón una vida iluminada por la fe) nos pide un compromiso mayor: salir a las periferias del mundo, de nuestra sociedad ecuatoriana, allí donde la propaganda oficial choca con la dura realidad, tantas veces olvidada por los bien pensantes y los bien vivientes: las familias desestructuradas, los jóvenes y adultos que sufren el drama del paro, la enfermedad de los padecimientos incurables, terminales o paliativos, la esclavitud del mundo de las drogas, la soledad de tantos ancianos, el drama de los abortos , el mundo silencioso y oculto de tantas familias,... son los rostros de las periferias de la humanidad.

Pienso en todo esto cuando dejo la presidencia de Pastoral Social Cáritas Ecuador, después de seis años de servicio, de alimentar esperanzas y dar a luz, arropado por un equipo excepcional de hombres y de mujeres, no pocos proyectos solidarios de asistencia y promoción entre los más pobres.

Cáritas es el rostro maternal de una Iglesia que no puede dejar a nadie en la cuneta de la vida, experta en llegar al corazón del hombre. Una realidad integradora, capaz de calentar el corazón del hombre, de luchar por la inclusión y la justicia, de sembrar la verdad y la paz.

Cáritas es como un fermento... En cualquier sitio que esté seguiré formando parte de este pan solidario, fermentado por la caridad, por el amor a Jesucristo y al hombre, a cualquier hombre o mujer que pise el mismo planeta que piso yo. Tengo que reconocer que han sido años hermosos, precisamente fecundos por haber sido compartidos.

Algunos profetas de desventura dicen que son tiempos difíciles para la fe, la democracia, la fraternidad, la libertad,... Humildemente creo que son los tiempos mejores, aquellos en que merece la pena luchar y alentar la esperanza de un mundo más humano. Las periferias nos rodean por todas partes y reclaman nuestra presencia.

Los barrios marginales de Riobamba, las comunidades indígenas empobrecidas, los jóvenes de nuestras universidades hambrientos de futuro... ¿Será que no hay nada que hacer? Salgan a las periferias, comenzando por las del propio corazón. No tengan miedo de bajar a sus profundidades, de encontrarse con su propia verdad.