Monseñor Julio Parrilla

No renuncien a pensar

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7 de junio de 2014 18:30

En esta semana que fenece he tenido la oportunidad de presentar en la Unach el libro del P. Gerardo Nieves ‘¿Qué es la política?’, en base al pensamiento de Hannah Arendt, filósofa de origen judío, errante por los caminos del mundo, en la medida en que le tocó huir del horror nazi. Más que su sabiduría política y filosófica me ha conmovido su actitud ética ante la vida.

La historia de Hannah Arendt surge en un durísimo contexto, implacable con la condición humana, pareciera que las fuentes de la civilización, del pensamiento, de la ética, se hubieran secado y la barbarie dominara el horizonte humano.

El holocausto es, sin duda, una de las páginas más horrendas y tristes de la historia, no sólo por el número de víctimas y la crueldad ejercida sobre los más débiles, sino por la deformación ética que supone someter la condición humana a los intereses de la política, y la política a los intereses del poder. Frente al totalitarismo, ella, vigilante en un tiempo difícil, es un espíritu independiente y, a pesar de todo, capaz de pensar.

En medio del cruce de intereses que salpica la vida política, Arendt afirma con enorme fuerza el valor del ser humano, que se manifiesta, por medio de la acción y de la palabra, como un sujeto de liberación. Es consciente de que lo que está en juego (lo que siempre está en juego) es la destrucción del hombre y de la libertad. Y esto ocurre siempre que la política, el mercado, la cultura dominante o la ideología se sobreponen a la condición humana y a la dignidad de las personas. Frente a ello sólo queda reafirmar el valor del pensamiento como fuente de libertad.

Una sociedad que se abstiene de pensar nunca será lo suficientemente crítica, lo suficientemente libre... Casi sin quererlo, acabamos siendo víctimas de la doctrina o de la propaganda. En la ética política siempre hay que afirmar el valor de la persona y del pluralismo, porque es ahí donde se custodian los espacios democráticos.

A nivel planetario, vivimos tiempos duros, en los que se corre el riesgo de hacer coincidir el bienestar material con la felicidad plena. Es una gran mentira. El riesgo mayor es convertir a los ciudadanos en consumidores satisfechos y robarles el alma, el pensamiento, la libertad... Frente a la destrucción del ser humano Hannah Arendt propone el valor de la resistencia y de la reconstrucción. Ella intuye que el milagro ocurre en cada nuevo comienzo...

Me han emocionado especialmente las páginas en las que Gerardo Nieves pone en conexión la resistencia de Arendt con la de Bonhoeffer, el joven pastor luterano, ahorcado en las cárceles de Hitler. Ella se plantea la resistencia desde la ética; él lo hace desde la fe, pero ambos saben que la política sólo puede recuperarse desde el amor a la libertad y a la dignidad del hombre.

Son historias referenciales que, de vez en cuando, conviene recordar. La vida está llena de contradicciones y la codicia de la vida y del poder fácilmente nos envuelven. No renuncien a pensar...