Enrique Echeverría

De un Papa a otro

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Cuando hace varios años el Ecuador tuvo el privilegio de recibir la visita del santo padre Juan Pablo II, todos los ecuatorianos nos conmovimos y escuchamos sus prédicas y sus consejos. Al cabo del tiempo, llegará a nuestro país el papa Francisco y, por lo que se ve, él causa el mismo interés y la misma devoción entre el pueblo católico y, también, en los no católicos.

Juan Pablo II, hablando en el templo de la Compañía de Jesús manifestó: “Que esos hombres y mujeres (ecuatorianos) contribuyan eficazmente al robustecimiento de la nacionalidad, desde sus raíces de moralidad evangélica vivida y alimentada por la doctrina de la iglesia”.

¿Cuánto hemos hecho al cabo de tantos años? ¿Cómo está la moralidad no solo aquella alimentada por la doctrina de la iglesia, sino la moralidad como concepto y práctica?

Arribó el consumismo y mucha gente cree que el principal objetivo de la vida es triunfar, pero no con base en el esfuerzo, de la preparación, de la honradez y de la perseverancia, sino acudiendo a métodos oscuros que se agrupan en lo que llamamos corrupción.

Desde siempre, ha primado el principio: “Cuanto tienes, cuanto vales”, lo cual, en otros términos, es la división de la sociedad entre ricos y pobres. Pero una cosa es que alguien se torne rico trabajando, teniendo iniciativas, sin perjudicar a nadie y, además, con sentimientos de solidaridad y hasta piedad en ciertos casos con los desvalidos; otra, que algunos que en poco tiempo aparecen con mansiones, automóviles de lujo, casa de vacación en la playa, consumos en restaurantes exclusivos, viajes de placer por todas partes. ¿De dónde obtuvieron la temprana fortuna para cubrir todas estas satisfacciones?

¿Cómo está la moralidad que deberían observar todos los jóvenes, si vemos con tristeza cómo niñas de 15 o 16 años, sin matrimonio, aparecen embarazadas? ¿Qué esperanza hay para los jóvenes que desde los 12 años de edad están consumiendo licor; y, lo peor, ingresando en el mundo del consumo de drogas? La idea de que a mayor pobreza hay más delincuencia, ha caído en pedazos.

Es verdad que en los últimos años hemos gozado de cierta holgura económica y, sin embargo, el latrocinio, el crimen sangriento, la estafa, las quiebras fraudulentas, el abuso, están a la orden del día; y las carreteras del país aparecen con sangre a consecuencia de la irresponsabilidad o de la embriaguez de conductores, etc.

Dijo también Su Santidad: “La Iglesia hace un llamado apremiante a todos los cristianos del Ecuador, comprometidos en una tarea intelectual de amplios reflejos culturales, sociales y políticos, para que asuman con fe y valentía la cuota de colaboración y riesgo que les corresponde en esta común empresa”.

Tienen la respuesta los intelectuales, políticos y dirigentes, en cuyas manos está la suerte del Ecuador de hoy y del futuro.