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27 de February de 2012 00:01

JSL es la sigla que identifica en mi computadora a los textos y fotos del libro sobre Jorge Salvador Lara que escribí hace más de un año y que finalmente saldrá de imprenta en los próximos días. Al igual que el volumen sobre ‘Mapahuira’ Cevallos, aunque con algunas variantes, ‘Jorge Salvador Lara, con la fe por delante’ gira alrededor de una serie de entrevistas realizadas en los meses finales del año 2010 en las que Jorge exhibe la lucidez que nunca perdió así como su dominio de la cultura ecuatoriana y del arte de la conversación.

Respecto de un libro anterior que edité sobre la historia del Congreso Nacional, donde lo incluí junto con otros historiadores de diversas tendencias, dijo con una sonrisa que yo no era historiador, pero moría de ganas de serlo. Tenía razón en parte, y como él sí era un historiador de toda la vida, una y otra vez volvíamos en nuestras charlas del 2010 a temas de la Independencia y discutíamos por ejemplo sobre La Mar, al que cuestionaba duramente, o Flores, a quien le buscaba el lado bueno, mientras yo insistía en las víctimas de El Quiteño Libre. Luego, en el contrapunto de la ciencia con la fe, a propósito del origen del universo exponía yo la tesis de Stephen Hawking. Católico fervoroso, y ducho como siempre fue para la polémica, Jorge subordinaba la ley de la gravedad a la idea de un Dios omnipotente.

Rememorando su participación juvenil en Arne, un movimiento de derecha nacionalista inspirado en la Falange española, me contaba con satisfacción que habían desplazado a puñetazos a los comunistas de las calles quiteñas. Después ingresó al Partido Conservador y fue al Congreso, pero muchos correligionarios de tuerca y tornillo le abandonaron a su suerte en el intento de destituir a Carlos Julio Arosemena.

Tampoco logró el respaldo para la Alcaldía, de modo que dejó la lucha política para consagrarse al estudio, la escritura y la diplomacia, sin suspender la cátedra.

Mientras aguardábamos la publicación del libro con numerosas fotos históricas y familiares, el renovado debate sobre el arrastre de los Alfaro hizo que algunos temas de las entrevistas, que podrían haber parecido un tanto añejos para el gran público, cobraran súbita actualidad.

En eso pensaba yo hace un mes, en cómo la coyuntura política modifica la lectura de la historia atribuyendo otros sentidos a los sucesos, cuando a Jorge le alcanzó la muerte.

Ahora, sus frases aun inéditas pero ya definitivas y rotundas se cargan de un significado más hondo.

Como escribe Sergio Ramírez en sus memorias del sandinismo, ‘el sentido que la vida adquiere después de la muerte agrega mucho al esplendor de las palabras’. Agrega trascendencia y una paradójica frescura que le permite a JSL seguir desplegando su sabiduría como si nada hubiera pasado.