Diego Cevallos Rojas

Jóvenes del correísmo

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Para millones de ecuatorianos, que hace 10 años tenían entre 6 y 17 años, su vivencia directa de la democracia ha sido exclusivamente el correísmo, su moral conservadora y su falaz mensaje de que todo lo anterior fue corrupto, feo y malo. ¿Qué decidirá esta generación en las elecciones presidenciales de 2017 cuando pueda y deba votar?

Luego de haber sido expuestos por una década a un verbo autoritario, al insulto fácil y a una ética y estética de dudosa calidad, los más jóvenes tendrán con su voto, un gran poder en sus manos.

En el siguiente febrero podrán ir a las urnas, si lo desean, unos 600.000 jóvenes que para entonces estarán entre los 16 y casi 18 años, y alrededor de tres millones de 18 a 27, ellos obligados por ley. Juntos representan un 22 por ciento de los poco más de 13 millones de ecuatorianos con derecho a sufragio.

Se trata de una generación inédita, que ha crecido al alero del oficialismo verde flex y de una interconexión constante a redes sociales y acceso a internet, donde la velocidad y el ahora priman a costa del contexto, la historia y el análisis.

Impregnados del ADN de la rebeldía, como todos los jóvenes del mundo, los ecuatorianos tienen la oportunidad de ir más allá de lo inmediato que les viene ofreciendo la tecnología para revisar un pasado de cientos de años, no sólo de los últimos 10, y con ese contexto y su percepción, decidir si continuará o no la ya larga etapa correísta. Ojalá tengan frente a sí opciones que valgan la pena.

Ayudará que hablen con sus padres y abuelos. Pídanles que les comenten, por ejemplo, de su experiencia 25 o 30 años atrás, cuando gobernó un presidente autoritario como el actual, de lenguaje mordaz e insulto fácil, que acaparó poderes y que persiguió a la disidencia. Al oficialismo le molesta tanto esa comparación, pero quienes atestiguamos aquella época, sabemos que el parecido es real e inevitable.

¿Aceptarán los jóvenes de hoy seguir bajo un estilo de gobierno que les ha impuesto casi todo, como una educación de púlpito definida desde el poder, programas contra embarazos con acento en la abstinencia, advertencias para no reclamar so pena de ir presos o ser declarados terroristas, o incluso, la amenaza de un puñetazo presidencial, como le sucedió a uno en plena calle del centro quiteño?

¿Aceptarán seguir viviendo en un Estado sin división de poderes, entregado a un desenfreno de propaganda, con censura y ataque a medios de comunicación, a caricaturistas, a críticos y a todo el que piensa diferente?

¿Será que se identifican con ese grupo juvenil pro Correa, que rinde pleitesía a su líder y pide que siga gobernando?
Jóvenes, tienen la palabra. Pueden y deben decidir.