Gonzalo Maldonado

Jesús para ateos

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31 de March de 2013 00:01

Lo más importante es lo que no podemos ver ni tocar. Son las ideas -esas entidades inmateriales, fabricadas a base de palabras- que filósofos y poetas han creado para inventar el mundo en que vivimos. En algunos casos son ideas tan poderosas que, a pesar de haber sido dichas hace miles de años, siguen vigentes hasta el día de hoy.

Es precisamente lo que sucede con Jesús de Galilea. Aún cuando el debate sobre la existencia real de este personaje es cada vez mayor -Fernando Vallejo resume esa polémica en una parte de su libro titulado 'La puta de Babilonia'- es incuestionable que sus ideas crearon una nueva forma de entender el mundo en Occidente.

¿Por qué el pensamiento de Jesús fue tan revolucionario? Hubert Dreyfus y Sean Dorrance Kelly -catedráticos de Berkeley y Harvard, respectivamente- explican que la extraordinaria contribución filosófica de este personaje consistió en señalar la existencia de un mundo interior en cada uno de nosotros.

Esa noción no existía antes de Jesucristo. En la antigua Grecia, por ejemplo, la existencia de un mundo íntimo y personal estaba tan fuera de lugar que incluso cuando las personas soñaban durante la siesta creían que aquellas escenas sí ocurrían, pero en otro mundo físico, aseguran Dreyfus y Dorrance Kelly.

En el mundo hebreo las cosas no eran muy diferentes. Las personas virtuosas eran aquellas que cumplían -o decían cumplir- con las leyes de Dios. Por eso se enfrascaban en debates interminables sobre cómo cumplir verdaderamente el Sabbath o de qué manera sacrificar a un animal.

El pensamiento de Jesús rompe con todo esto y pone énfasis en los deseos y las intenciones personales, explican los académicos antes señalados. Por ejemplo, en el Sermón de la Montaña este personaje dice que no solo no se debe cometer adulterio, sino que no se debe desear a la mujer del otro. Es decir, el solo hecho de querer la mujer de otra persona, aún cuando no se llegue a cometer adulterio, ya es pecaminoso.

Al poner el acento en el mundo interior de cada uno -y no solo en el cumplimiento de las leyes externas- el pensamiento de Jesús provocó que los seres humanos nos entendamos de una forma totalmente diferente: que nos veamos a nosotros mismos como personas con libertad para escoger entre el bien y el mal y, sobre todo, como seres humanos con capacidad para dar sentido al mundo exterior.

En estos días que tantas personas han celebrando la muerte y supuesta resurrección de Jesús, vale la pena reflexionar sobre su legado intelectual y moral. Las ideas de este personaje podrían ayudar a los nuevos sistemas filosóficos a salir del nihilismo extremo de donde están naciendo. Talvez sea hora de reflexionar en un Jesús para ateos o, por lo menos, para agnósticos… gmaldonado@elcomercio.org